LOS AUTÉNTICOS DECADENTES EXPLOTARON OBRAS

La banda más querida de la Argentina cumple 35 años

El sábado 13 de septiembre de 1986 la primera conformación de lo que luego serían Los Auténticos Decadentes se subía al escenario. En una peña organizada por el Colegio Nacional Nº 10 José de San Martín, en Almagro, los jóvenes tocaron los pocos temas que tenían. Los asistentes pidieron más, por lo que tuvieron que repetir los que ya habían tocado. Este hecho, tan insignificante a primeras, funciona como una especie de premonición de lo que sucedería después. En los últimos 35 años las canciones de Los Auténticos se escucharon en los más variados contextos: canchas, casamientos, viajes, estadios, peñas, juntadas. El pedido de aquel primer público se cumplió: la música de la banda nunca dejó de sonar. 

Volvemos al presente y esos jóvenes estudiantes de secundaria están subidos al escenario del Estadio Obras Sanitarias. Tienen algunos años de más, pero la esencia se mantiene: son los mismos pibes que en aquella primera peña hicieron bailar y cantar a un grupo de desconocidos, cuyas vidas (por un par de horas) se habían cruzado. 

Envueltos por una ola de aplausos la agrupación se subió al escenario y saludó a los presentes. La canción elegida para abrir el show fue ‘Somos’, del disco Club Atlético Decadente (2006). El público explotaba de felicidad. Dentro de los límites establecidos, todos se levantaron de sus asientos y comenzaron a cantar. No se volverían a sentar hasta que el recital hubiese finalizado. “Este show se lo queremos dedicar a la memoria del papá de Nito (Gustavo Montecchia), que siempre estuvo con nosotros. Lo recordamos con mucha alegría” declaró Gustavo ‘Cucho’ Parisi, uno de los principales vocalistas, al tiempo que abrazaba a su compañero. 

Todos los grandes éxitos fueron incluidos en el setlist: ‘Como Me Voy a Olvidar’, ‘Corazón’, ‘Viviré Por Siempre’, entre otros. Joaquín Levinton, ex vocalista de Turf, acompañó a la banda en ‘La Prima Lejana’. El público nunca dejó de cantar las canciones.

Llegados a este punto probablemente el grupo más comprometido con cuestiones feministas comience a sentir que algo no está del todo bien. Es inútil negarlo: muchos de los temas (‘Los Piratas’ y ‘Vení Raquel’, por mencionar algunos) no resisten un revisionado crítico. Sucede con la mayoría de los hits de nuestros ídolos, desde Charly García a Calamaro

Creo que la clave no está en demonizar a la música ni a los artistas. El otro extremo, en el que se argumenta que «las cosas eran diferentes en esa época», tampoco es beneficioso. Un punto medio sería lo más eficiente: disfrutar los tracks, apreciar su valor y entender que ciertos mensajes percibidos (que no necesariamente son los que intentaron transmitir los músicos), pueden no ser del todo apropiados en un contexto como el actual. Las canciones, una vez creadas, son liberadas de la intención original que le quiso dar el compositor. Pertenecen al público, y es él quien debe decidir el sentido y el valor de literalidad que les dará. 

“Va a venir un amigo muy especial que estuvo casi desde el principio con nosotros, nos apoyó y dijo que éramos mejor que los Rolling Stones. Está totalmente chiflado. ¡Un aplauso para el Bebe Contepomi!”. Con estas palabras Cucho Parisi dio la bienvenida al periodista, quien subió al escenario rodeado de una nueva ola de ovaciones. Fue tan inesperado como divertido. 

Estaba sucediendo algo mágico, y todos los presentes se habían dado cuenta

“Más allá de mi fanatismo, quiero decirles que los Auténticos son la Argentina misma. Se que parece una boludez, pero los Decadentes son nuestro corazón. Nos hacen bailar, nos hacen cantar, nos hacen reír. ¡Aguante los Decadentes carajo!” declaró Bebe. Junto a la banda cantó ‘La Guitarra’, ante una multitud que no paraba de saltar y bailar. 

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue la performance de ‘Un Osito de Peluche de Taiwán’, track perteneciente al disco Sigue Tu Camino (2003). Por un momento pudimos sentirnos parte de aquella mítica presentación de 2011 en el DF, junto a Fernando Ruiz Díaz, de Catupecu Machu. El público estaba exaltado. No se trataba solamente de la calidad interpretativa de la banda o del sentimiento que transmitía la música. Estaba sucediendo algo mágico, y todos los presentes se habían dado cuenta. 

En primera fila había un niño que no podía sobrepasar los siete años. Estaba subido a una silla (desde la cual tenía la altura promedio de un adulto) y, abrazado a su padre, cantó con los brazos en alto todas las canciones. Esa imagen es bastante representativa del sentimiento que se vivía en el recinto: la música había traspasado barreras etarias y fronteras de todo tipo. Había reunido dentro de un estadio, en una lluviosa noche porteña, a un público deseoso de pasarla bien y a una banda decidida a dar un gran show. La agrupación más querida de la Argentina festejó sus 35 años con todo, y se notaba en el rostro de los presentes la alegría de haber podido formar parte de una noche tan especial. 

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