SONIDO KONEX: ENTRE LABERINTOS DE CEMENTO

Buscando atajos en las calles del Abasto

Fotos por @charlieriobueno

Laberintos a los que somos sumergidos en el espacio del Abasto. Algunos eternos, sin final y de un tránsito casi trágico, que roza lo absurdo. No todos son así. Las columnas de cemento, frías, grandes, hay varias de ellas y no nos dejan ver la totalidad de la escena. Así siento al Konex en su interior. Los festivales son nuestra forma de resolver ese laberinto. El Sonido Konex ayuda. En esta edición de ¿Rock barrial? ¿Rollinga? o algún sonido que habría que caracterizar con un nuevo nombre porque esos ya aburren, las bandas fueron el sonido que nos ayudó a escapar del laberinto o de alguna realidad semejante. 

Posguerra fue la primera banda. Su rol, abrir un ciclo, festival o derivados, siempre me pareció el más complejo. Algunas veces jugás de visitante, para un público que no te conoce o incluso está ahí porque llegó temprano o directo del trabajo. Siempre hay fanáticos, pero la complejidad está ahí. Tiene ventajas: una cercanía que intimida, pero que los hace ponerse de tu lado. Lautaro Vallejos, al que llamaremos Toro de ahora en más, nos compró con una facilidad que nos obligaba a movernos en el espacio cuando las columnas nos impedían ver. Éramos la portada de Todos Extraños (2026), su último disco. Así salíamos del laberinto. Acá la ansiedad del pasado no se podía contener, era arrasadora. Canciones de Sumo (El Toro nos rememora a Prodan) e inevitablemente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota sonaron en la presentación, al igual que en la musicalización entre shows que estuvo a cargo de Santiago Martín Rodríguez, vocalista de Radicäl.

Y empezamos a encontrar espacios cuando una voz gritó “Hola, mi amor”. Enzo Lupo nos hizo entender para dónde ir. Una especie de brujo, el nuestro, con un bastón de madera y algunas plumas nos guía: o también una clase de Patti Smith. “Le vendimos el alma al diablo y fue un buen negocio”. Pero otros elementos lo acompañan: su armónica y guitarra acústica que nos recuerda a Bod Dylan, y varias loquitas que se encuentran entre el público y que se suben a los hombros de la persona más cercana para que Lupo las señale justo antes de que empiece a sonar la canción dedicada a ellas “Loquita corre!, te quieren corromper los hombres de traje”. En el escenario también estuvieron Dante Citara, Catalina Banega (cantante y bajista de Ryan) y Toro. Nuevas canciones sonaron, dos de forma explícita. Los reybruja están grabando un nuevo disco, el sucesor de Gustar y Ofender (2025). Estrenar las canciones en vivo sin siquiera haberlas introducido en su versión de estudio genera una cercanía que nos interpela como público. Después serán reconocidas en el disco final y darán un goce propio: saber la letra final, sus últimas modificaciones y su nombre. No es la primera vez que presentan canciones en vivo: en Matienzo, su última presentación en Capital, también lo hicieron y nos tendremos que acostumbrar a esto hasta que revelen nuevo material. A principio de año alquilaron un estudio, y después del trabajo, de esa jornada que nos trata de arrebatar y de despojar de nosotros mismos, se iban para ahí. En el transcurso de un mes compusieron treinta canciones. 

Las luces que están en esas columnas grandes y frías, que nos limitan la visión, se tornan rojas. El juego de luces de La Grecia nos alcanza y los bloques de cemento ya no nos esconden más. El sonido parece venir de lejos, más lejos que el sonido de reybruja. Pero tiene algo que nos corrompe. Sonó ‘Me Muero’ de Guasones y ‘Johnny B. Goode’, una versión traducida que recientemente sacaron en su disco En Vivo Niceto Club (2026) de cuando presentaron su último disco de estudio Lady Garrón (2025). Mientras estoy escribiendo esto, ellos confirman una nueva fecha en Capital que va a ser el próximo 29/8 en Roxy Live

Nos adentramos en el Laberinto de Cemento que se presenta en el Abasto y salimos. Salimos llenos de rock and roll. De nuestro rock and roll.

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