DIVIDIDOS EN EL MOVISTAR ARENA: EL AGITE DEL OESTE

La aplanadora demolió el arena una vez más

Fotos por @floriba_fotografia

Pido perdón de antemano, pues esta crónica resulta quizás hasta reiterativa. Es difícil poner en palabras lo que representa un show de Divididos sin caer en lugares comunes. Porque si sos argentino y te gusta el rock, lo más probable es que ya los hayas ido a ver, incluso varias veces. Pero el pasado sábado fue mi primera vez viendo a la aplanadora, así que haré el intento.

Estamos hablando de una banda que desde que tengo uso de razón llena todos los benditos lugares donde toca, pero más que por su masividad lo logra gracias a su comunidad, la cual tiene una lealtad incondicional al trío comandado por Ricardo Mollo, quien hace recíproco ese afecto con un trato amoroso y casi personal al público.

La contra cara de ese afecto es el baterista. Figura que solo alimenta su leyenda en vivo, Catriel Ciavarella muestra un desprecio total hacia su instrumento, tocando cada canción con una furia que pocas veces vi arriba de un escenario. Es realmente el que maneja la batuta y demuestra canción a canción que él es el corazón que convierte a la banda de El Palomar en una fuerza destructiva a la hora de tocar en vivo.

Pero si por algo resaltan esta tanda de shows de Divididos es que por primera vez en muchos años la banda se reunía con su gente para presentar un nuevo trabajo de estudio. Su álbum homónimo del año pasado revitalizó a la banda con nuevas canciones que están a la altura del mito del tridente, y así lo reflejaron con su electrizante apertura celebratoria del reciente disco con ‘Aliados en un viaje’, ‘Montes de olvidos’ y ‘Bafles en el mar’.

De a poco los hits históricos de la banda comenzaron a llegar como si de la artillería pesada en un campo bélico se tratara. ‘Elefantes en Europa’ y ‘Alma de Budín’ construyeron la antesala para uno de los mayores himnos del rock argentino. El Movistar se convirtió en tierra arrasada con el pogo de ‘El 38’, momento en que casi perecen mis lentes, cuando salieron disparados por el aire debido a la brutalidad del momento.

Un breve interludio inundó de silencio el Movistar Arena, silencio que duró poco ya que la audiencia comenzó a cantar “La patria no se vende”. Al volver a escena, Mollo exclamó: “Para dejar de vender la patria hay que dejar de comprar voluntades”. Este segmento dió paso a un popurri semi-acústico en donde brillaron ‘Dame un limón’ y ‘Spaghetti del rock’.

Ya en el tramo final del show todo se volvió fiesta con ‘Que tal’, ‘La rubia tarada’ y la invitación al escenario de Alambre González con quien desataron el desastre con los covers de ‘Sucio y desprolijo’ y la siempre vibrante ‘Crua Chan’.

Antes de retirarse, Mollo saludó a los hermanos paraguayos en ‘Paraguay’, les envió fuerzas por su eliminación de la Copa del Mundo a manos de Francia (en lo que fue una “utopía imposible” que no pudo ser cazada) y anunció la despedida del 2026 de la banda en su casa: el Teatro Flores, cerquita de casa, cerquita del oeste.

Finalmente la noche concluyó con ‘Ala delta’, como no y la frutillita encima del postre fueron los covers de Sumo con ‘El ojo blindado’ y ‘Nextweek’. No hay con que darle, bien ganado tiene su apodo como “la aplanadora del rocanrol” es Divididos, la puta que lo parió.

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