LA MELANCÓLICA RAVE DE HUMAN TETRIS

El trío post-punk de Moscú volvió a su querida Latinoamérica

Un Instagram nuevo. Dos publicaciones. Una foto de un flyer: South America 2026. Cinco fechas, entre ellas, 27 de febrero. Buenos Aires, Argentina. Nada más. ¿Esto será real? Solo al verlo en la página de la ticketera Alpogo.com caímos y confiamos del todo. Human Tetris reaparecía de forma fantasmal y volvía al país para dar un show, como la última vez, en Uniclub del Abasto.

Hacía muchos años que no veía una banda en Uniclub y cuando entré supe que iba a ser íntimo, perfecto para esta música. Éramos una masa de gente vestida de negro. Mientras esperábamos, pasaron algunos temas tecno oscuritos y salieron a la cancha algunos abanicos. En medio de la pista, una chica se retocaba el labial negro en un espejito de bolsillo, otros llenaban el piso de latas de cerveza.

La apertura estuvo a cargo de la banda argentina Juvenilia. Siempre la elección de los soportes es inevitablemente afín en género musical, por lo que no faltaron las atmósferas new wave, y el hi-hat como caballito de carrera al frente. Pero la voz limpia de Daniela Lavenas, virtuosa y sin efectos, le dio un plus, una identidad propia que se valora.

A las 9:10 puntual arrancó Human Tetris. La disposición del escenario fue extraña, con la batería armada sobre el costado derecho y apuntando hacia los demás músicos. Lo que terminó siendo un gran acierto, porque se podía seguir al detalle toda la destreza de Ramil Mubinov en las bases, que son el corazón de la banda. En el centro y en bajo, estaba Tonia Minaeva. Fría, precisa y sumamente encantadora, no se podía dejar de mirarla. Arvid Kriger, ubicado en el extremo izquierdo, fue el encargado de interpretar las melancólicas letras con su voz espesa a lo Ian Curtis y tirar destellos luminosos y más indies en algunas melodías de guitarra.

Tocaron algunos temas de Common Feeling (2025), su último álbum, que salió a mitad del año pasado y que es el eje y la excusa de esta pequeña gira sudamericana. Todo iba muy bien cuando, de un momento a otro, el sonido desapareció bruscamente y quedamos completamente a oscuras. ¿Y ahora? Un apagón barrial fue lo primero que escuchamos. Bueno, si todo llegó hasta acá, hay que decir que la pasamos muy bien. Pero también se sentía un poco como un balde de agua helada que nos tiraron en la espalda en medio del baile acalorado. Tonia iba y venía de detrás del escenario y repartía sus propias aguas y bebidas entre el sediento público, algunos ya juntaban los cables del piso, mientras todos nos mirábamos expectantes bajo las luces de emergencia. 

Por suerte, después de unos pocos minutos, se hizo la luz y todo se puso en marcha de nuevo. Qué bueno, porque la cosa recién empezaba. Todavía quedaba más de una hora de show donde llegaron los temas tan esperados de Memorabilia (2018), cambio de instrumentos entre Arvid y Tonia en algunos temas, baile transformado en pogo y el hitero Ep Things I don’t Need (2010).

Estoy pensando mucho últimamente en la suerte que tenemos los que escuchamos bandas de afuera que no tienen un alcance tan masivo, de que esas bandas vengan. Pero vengan a este tipo de lugares, más íntimos, sin filas virtuales, sin pantallas. Todo a una distancia donde podés ver las manos formando el acorde y los pedales que usan. Un verdadero privilegio. Será cosa de seguir investigando con ayuda de nuestra amiga la internet y esperar a que un día de suerte aparezca un flyer, una publicación, una nueva promesa de felicidad.

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