Fotos por @acorazonada
Desde el inicio, el clima ya era otro. No el de una parada más de gira, sino el de un artista que llega a un lugar que siente propio. Sebastián Yatra lo dijo sin vueltas: Argentina es uno de sus rincones en el mundo. Se le notaba en la forma de hablar, en los silencios, en cómo se tomaba el tiempo para mirar alrededor, como si estuviera reconociendo algo más que un estadio lleno.
A medida que el show avanzó quedó claro que Sebastián es una máquina de tirar historias. Desde ‘Traicionera’, ‘Ya no tiene novio’ hasta ‘No hay nadie más’ o ‘Tacones rojos’ y la lista podría ser infinita. Pero lo que empezó a definir la noche fue otra cosa. En uno de los momentos más íntimos, mostró en pantalla cómo había trabajado una canción con el streamer Alonso. Podría haber quedado como una anécdota proyectada, pero no: lo invitó a subir. Lo que era contenido se volvió presente, y lo cantaron juntos frente a un estadio que acompañó con una mezcla de sorpresa y entusiasmo genuino.

Después llegó uno de los puntos más altos. La aparición de Silvestre Dangond empujó al show hacia otro clima con un clásico vallenato colombiano. Por un rato, el Movistar Arena se transformó en algo más cercano a una fiesta familiar y hasta vimos a Yatra armarse un fernet viajero en el medio del escenario.
En esa misma lógica apareció también Fede Mestre. Había abierto la noche como telonero, pero volvió al escenario invitado por Yatra y se emocionó hasta las lágrimas. También hubo lugar para Jay Kabalan, amigo de Yatra desde los ocho años, con quien cantó ‘Cucarachero’ y sumó otro momento de complicidad.

En ese momento, metidos entre la gente del fondo, se dejó tocar, abrazar. En un punto, frenó y le acercó el micrófono a unas nenas. Quería que eligieran una canción pero ellas no pudieron porque no les salía otra cosa que repetir “te amo”, una y otra vez, entre nervios, risa y una emoción que no encontraba palabras. El estadio estalló en carcajadas. Yatra también.
La fecha condensó algo que venía construyéndose desde el principio, la sensación de cercanía. Tal vez por eso, entre invitados, canciones y grandes momentos, lo más recordado terminó siendo algo que no salió perfecto.

