Catalina Ammaturo, la artista con una de las proyecciones a futuro más importantes de la escena argentina, se encuentra en un momento bisagra: está a unos días de estrenar su segundo disco I Just Wanna Make My Daddy Proud (2026) y presentarlo en Niceto Club el 11/11. A su vez formó parte de la campaña de Spotify “Radar” que buscó proyectar artistas under a un nuevo escalón con una campaña de marketing que consistió en gigantografías en las avenidas más importantes de CABA y un show gratuito en el Complejo Art Media.
Hoy charlamos con ella para desentrañar su nuevo proyecto, sus cambios y lo que se viene.

Hace un año presentaste el primer sencillo en Lucille: ‘Sale natural’. Y hace más de un año que te fuiste a grabar a Los Ángeles. ¿Cómo fue cambiando o cómo se fue recomponiendo el disco a lo largo de todo este tiempo?
Catalina Ammaturo: Un montón, la verdad. De hecho, cuando empezamos a armar el disco yo tenía muy en claro cómo quería que sea. Nosotros, con Sami, mi productor, solemos tener mucho esta cosa de que usamos mucho nuestros propios sencillos o nuestras propias canciones como referentes a universos. Yo tenía muy en claro cómo quería que fuese desde el momento cero, desde antes de mi EP La pena (2024). Él me dijo que sentía que quizá tenía que ir más para el lado de ‘Caminar en Cristal’, un tema mío, y mi forma de describírselo fue “entonces en vez de estar en tacos con medidas de colores, voy a estar en zapatitos, mocasines con medias blancas”. Fue mi forma de describirle cómo es el sonido, por dónde se iba a ir el universo y los dos medio que estuvimos de acuerdo con ese cambio. Y cuando lo empezamos a crear se mantuvo exactamente la idea original y yo me mantuve en el sonido de las medias y los tacos. Y por medio de esas cosas en las que cuando algo tiene que ser de cierta forma termina siendo de cierta forma.
Yo el universo lo tenía muy en claro que quería que sea muy real: Esta chica medio conflictiva, medio conflictuada, más que conflictiva en un mundo en el que se sentía medio sola y poco acompañada, de repente empieza a buscar compañía en los lugares en los que no es.
Es un disco que se va transformando un montón también. Yo quería que empieces un poco odiando a la autora. También lo pensé mucho mientras lanzaba los sencillos como para que después, cuando la vas conociendo y vas leyendo y vas escuchando, tome más sentido. Porque ves como es y que no es simplemente como una pendejita de mierda, ¿viste?

¿Cómo es a la hora de componer canciones tan personales con Samuel Shea?
Nos peleamos mucho, nos peleamos un montón, pero porque yo soy una persona que tiene siempre muy en claro lo que quiere en cuanto a sonido y como que te puede decir en un instante si sí o si no. A mí me pasa mucho que yo vengo con la idea muy clara, con la refe muy en mente y me cuesta muchas veces soltar lo que tenía de refe o lo que tenía de idea o lo que tenía ganas de hacer. Con el tiempo aprendí a confiar en que las cosas se hagan como se tienen que dar y que todo sale como tiene que salir y que todo es perfecto. Pero yo también confío mucho en el sonido de él, en el oído de él. De repente él tiene mucha historia de la música encima, es un amante de la música, entonces también sabe mucho, cómo llevar a algo que funcione la idea que yo tengo.
¿Fue siempre así?
Sí, quizá con el tiempo nos empezamos a poner más cómodos con decirle al otro “No me rompas los huevos”, o con discutir más las ideas o los sonidos o lo que nos gusta. Pero fue siempre así.
Pasaron muchos años desde Chica Violeta (2023) ¿Cómo ves tu madurez individual y musical a lo largo de todos estos discos?
Muchas veces me da miedo estar en el mismo lugar, más allá de que sí creo que cambió mucho mi forma de trabajar y de crear. Creo que creo de una forma sin miedo. Creo que hoy me siento más artista y me siento como más creadora. En el momento era más como que las canciones eran algo que me avergonzaba un poco, como que sentía que era algo que no me quedaba otra porque era lo que amaba y era lo que hacía.
¿Aprender en el sentido musical?
Es más una cuestión de aprender a defenderme como artista y así más como una cuestión personal, más que con la música: de cómo creo y con qué intención creo y cómo me muevo en esta industria que es tan extraña.

Alguna vez dijiste que al principio no hallabas tu nicho, no en el sentido público, sino en el sentido de los artistas con los que estás compartiendo escena. ¿Cómo es que eso fue cambiando a lo largo de todos estos años?
La verdad es que me sigo sintiendo bastante sola, si te soy sincera. Es una industria muy extraña, muy poco fiel y todo el mundo quiere pegarla. Siento que hay muy poca lealtad, hay muy poco como código entre colegas. Está muy normalizado el basurear.
Jero Jones me dio una gran compañía a mí en esta industria. Me pasó mucho que yo, una vez, estaba con un chico que salía. Lo había invitado a ver a Jero y como tenía el tema con Jero, quizás se sentía como un poco extraño y no quiso venir y con el tiempo me dio la razón sobre que Jero es un capo. Y me dijo esto de él que me encantó, que fue: “él está en la suya tocando sus teclados, saltando en el escenario y no jode a nadie” y me pareció una gran referencia para mí de cómo quería manejarme yo en la industria.
Hoy en día agradezco un poco esa soledad y la tomo como algo bueno como para enfocarme en lo mío, porque también creo que si estás muy enfocado en lo que hace el otro, no está lo suficientemente enfocado en lo que estás haciendo vos.
Hace poco fuiste cara de una campaña de Spotify rodeada de otros artistas. ¿Cómo reaccionaste? ¿Lograste ver un futuro que antes de tener esa posición no lograbas ver? Y sobre todo, ¿Cómo ves ahora la Cata de diecinueve años con este hito que lograste?
Me puso muy contenta. Lo sentí medio irreal. También me dio un poco de vergüenza. Obvio que es algo muy bonito y es un reconocimiento muy hermoso y es medio extraño para uno. Yo creo que cada vez que me pasa algo bueno y voy avanzando con mi carrera, lo primero que pienso es lo mucho que me importa que no me cambie nada de mí. Me preocupa mucho perder el foco. Me preocupa mucho volverme algo que no quiero.
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