“Fonso no está hablando de amor” le dije a una amiga hace un par de días. Estábamos charlando sobre América del Futuro (2026), el último disco de Fonso y las Paritarias. En medio de una de esas caminatas en que las ideas se apilan como rastis ella agregó que, claro, Fonso nunca está hablando de amor. Hoy lo escribo y suena como una ridiculez, una obviedad. Pero en ese momento se sintió un descubrimiento. La charla con Lucas Difonzo y Martin Luchina (alias Tortu) había sucedido muchos días atrás, y estaba debatiendo con ella sobre la nota, sobre el último disco de la banda, sobre todos los shows a los que fuimos juntas. Recuerdo que al decir esas frases nos detuvimos y nos miramos. Asentimos y seguimos: ¿por qué nunca está hablando de amor?
Tenemos esta obsesión por entender las cosas que nos gustan. Como si no fuera suficiente con simplemente disfrutarlas. La banda canta “Cuando se escapa el veneno y las cartas me quieren dar cero, cruzo la vereda no me pidas que llegue primero”. Entre el humo del Matienzo miro a mi amiga, buscando subrayar mentalmente esa frase. Telepáticamente le digo que me recuerda a Calamaro. “Son sombras de metal con alma de cartón”, vuelven a cantar otra noche en ‘América del Futuro’. Sin haber escuchado el disco completo, en ese momento empiezo a entender qué quieren decir. Respondo la pregunta del principio: no hablan de amor porque ya no importa.

Fonso y las Paritarias nace en 2022 como un grupo de incipientes amigos sumándose al proyecto solista de Fonso (a.k.a Lucas Difonzo). Rápidamente se dieron cuenta que funcionaban muchísimo mejor como banda. “El pasaje fue sin querer. La ciudad y la música fueron amontonando personajes”, comparte Fonso. “A mi me gusta mucho tener amigos. Tocar solo me parecía una idea no solamente mala, sino también aburrida. Me empecé a juntar cada vez más con gente. Cuando me quise dar cuenta estaba por grabar un disco en calidad de conjunto. A partir de ahí todo lo hice con los chicos. No volví a tener un proyecto solista, ahora encuentro satisfacción de esa manera. Compartiendo alegrías y penumbras”.
Afirma Ana Longoni sobre Roberto Jacoby: “Sus amigos artistas son, para él, mucho más importantes que el arte, al que define antes como espacios de relaciones sociales que como un cuerpo de obras”. Hablamos un rato sobre esa idea: sobre la manera en la que, en muchos casos, hacer obra es una gran excusa para pasar mucho tiempo con tus amigos. En esos momentos no importa que tu amigo sea igual a vos, toque igual que vos, y las canciones sean perfectas. Importa pasarla bien. Cito de memoria a Louta, cuya frase me mira desde el post it que tengo pegado en la pared del cuarto que me acobija en este sábado gris: “armar un programa de radio, escribir un libro, hacer un disco. Son maneras geniales de tener un montón de amigos”. Fonso asiente, y suma: “dejé de influenciarme por las cosas que consumía y empecé a influenciarme por mis amigos”

Al hacer la siguiente pregunta trastabillo con mis palabras. Digo que el último disco es esperanzador pero melancólico, divertido pero menos divertido que los anteriores, porteño/citadino pero muy argentino también. Tortu está de acuerdo pero dice que quitaría los “pero” de toda las afirmaciones que pronuncié. Es esa gran contradicción y punto. “De eso se trata, de la multidimensionalidad. Es oscuro y a la vez esperanzador”, cierra. Fonso suma que se parece mucho a la realidad que nos rodea: se plantea un escenario posible en un futuro en el que todo es terrible. Un futuro distópico.
El título del disco convive perfectamente con la portada: una gran estatua de la libertad recortada sobre un cielo del conurbano. Me entero que hay varias estatuas dispersas por Buenos Aires: en Munro, en General Rodríguez, en el Barrio Chino. Hablar de la globalización no fue una idea con la que arrancaron a grabar el disco: surgió en el mismo momento en el que lo estaban haciendo. Apenas llegaron a Quequén, donde se juntaron a armarlo, se desató el conflicto por el Estrecho de Ormuz. A ese clima bélico se sumaron fallecimientos de personas importantes para la banda. “A nosotros nos interesa la coyuntura, tenemos un interés muy profundo por cómo se mueven las tendencias sociales. No teníamos un concepto armado sobre ‘América del Futuro’, mucho menos sobre la globalización. Sí teníamos un ambiente distópico que nos rodeaba y una situación mundial en la que había mucha incertidumbre, muchas guerras al mismo tiempo”. Tortu suma: “Hay un clima en el que el mundo pareciera irse a la mierda todo el tiempo”.

¿Qué implica el Globalismo 3000 que proponen? Las distancias ya no existen, están todas las banderas superpuestas. Te podés encontrar una estatua de la libertad en Munro. “Mucha de la arquitectura y muchas de las ideas han sido importadas”, afirma Tortu. “Justo hoy es muy fuerte y muy actual esta cuestión de querer ser el patio trasero de Estados Unidos. Hoy el sentimiento oficialista es ese”.
En ‘Debí Portarme Mejor’ cantan “Esta vez voy a hacerlo al revés. Pensar menos pero con fe”. En el video la banda se termina mezclando con una procesión religiosa. Nuevamente aparece la comunidad de la que hablábamos al principio. Crear sirve, pero más sirve junto a otros. “El final habla sobre volver a intentarlo, creer en un futuro. Ir juntos hacia ese futuro. Pensar que esta vez voy a necesitar más fe para avanzar”, cierra Fonso. Al final del disco lo que tenemos es un suspiro de alivio.
Fonso y las Paritarias presenta “América del Futuro” en La Trastienda el 17 de octubre. Podés conseguir tus entradas haciendo click acá.
