Fotos por @uma_schenk
“Gracias por estar veinte años conmigo”, dice Javiera Mena desde el escenario. El recital está terminando. La rodean teclados, sintes, una guitarra, muchos micrófonos. Un rato después bailará frente a un cartel titilante en el que se puede leer “lesbians do it better”. Javiera se emociona, Javiera salta, Javiera canta. Javiera lo hace todo, en el centro, sola.
Hace veinte años lanzaba Esquemas Juveniles (2006). Mucho se escribió sobre ‘Al Siguiente Nivel’, la canción que abre el disco y con la que decidió arrancar esta fecha. En el estribillo afirma que es su generación la que “va a pasar al siguiente nivel”. Ella, por supuesto, no podía saberlo en ese momento. A pesar de todo se plantó, y abrió su primer trabajo discográfico con esa afirmación. Una expresión de deseo que al final se terminó cumpliendo.

Hablar sobre Javiera es hablar de diversión cuir. La fiesta como centro y como soporte. La música como algo que nos congrega y que, al mismo tiempo, le habla a nuestro dolor. Ella encarna lo mismo que proponen las grandes iconos del pop: hacerte bailar mientras te cuentan sus tristezas. Con la cordillera de fondo se muestra como todo lo que constituye a una persona en relación a otra. Aquel gesto que aparece mientras canta “un audífono tú, un audífono yo”. Ella se enfoca en el punto medio. En lo que hay entre esas dos personas que comparten música a través de un cable. En lo que hay entre medio de todas esas personas que llenan sus canciones.

Si bien era una fecha para celebrar los veinte años de su primer disco, el setlist incluyó gran parte de toda su discografía. Santiago Motorizado fue el primer invitado de la noche y la acompañó en una versión preciosa de ‘Sol de Invierno’ y ‘Mar de Coral’, la canción que comparten. Juliana Gattas y Miss Lupe también se sumaron. El último tramo del show lo hizo acompañada de un coro de tres músicas locales muy jóvenes: Luna ETC, Lucia Taubas (vocalista de Sunlid) y Babeblade. Cantaron ‘Esquemas Juveniles’, ‘Cámara Lenta’ y ‘Un Audífono Tú, Un Audífono Yo’. En el escenario mientras Javiera tocaba el piano, las miraba. De a ratos solo parecía cantarles a ellas. De fondo en la pantalla se veía la portada de su primer disco: un collage de fotos en las que aparece haciendo muecas. La escena era perfecta, un recorte ideal: las tres músicas rondan la edad que tenía Javiera cuando arrancó todo.
Este show se sintió como un homenaje y una fiesta. Espero tener a Javiera musicalizando nuestras tristezas por muchos años más.
