Así como a veces se resonga, otras toca admitir que vivir en Buenos Aires tiene su encanto. A través de los años esta ciudad le permite a uno ver la llegada de grandes fenómenos socio-culturales de nivel mundial y por suerte suele suceder seguido: Taylor Swift con su “Eras Tour” en 2023, Oasis con su esperado reencuentro en 2025 y esta vez la alegría les tocó a dos entidades usualmente relegadas.
Por un lado, BTS finalmente llegó para saldar una deuda histórica con el país y para con sus leales Armys que vieron como el grupo se tomó un impás de varios años, en el que el futuro parecía incierto. La negativa de esta y tantas otras bandas más de kpop de venir a Argentina en el pasado forjaron a un público expectante y resiliente que pese a todo jamás bajaron los brazos, esperando la llegada de sus ídolos.
Por otro lado, la siempre inmensa e indomable Provincia de Buenos Aires. Siempre relegada ante el primo consentido que es la Capital Federal, parecía que el conurbano había perdido para siempre su protagonismo en estos eventos a gran escala, hasta el anuncio de que nada más y nada menos que BTS se estaría presentando en el Estadio Único Diego Armando Maradona.

Este marco le dio un clima distinto al show, más pintoresco. Imposible de lograr en un recinto como River Plate. Los alrededores del estadio estaban marcados por un notorio olor a asado, las casas bajas de La Plata son un notorio contraste con los infinitos rascacielos de Nuñez y ese ambiente barrial realmente llenó de aura el evento. Entrar al estadio parecía como si estuvieses yendo a ver a Los Fundamentalistas, Los Piojos o La Renga.
Alegría colectiva, creo que es la frase que mejor sintetiza lo que se vivió en la ciudad de las diagonales. Desde los vecinos sacando sus parrillas a las veredas para vender sus “choriJINES”, hasta el centro de la ciudad completamente conmocionado y marcado por la visita de los surcoreanos. Así como sucede los fines de semana en donde juegan Estudiantes y Gimnasia, en La Plata no se habló de otra cosa durante estos días.
Enumerar la lista de canciones resultaría caer en algo obvio y redundante, la misma del resto de la gira, pero si es pertinente hablar del marco de los minutos previos. Una vez dentro del Estadio Único, se sentía una atmósfera pesada, densa, como si todos los presentes ahí supieran que había una bomba a punto de detonar. La tensión se cortaba con cuchara y parecía transitar una cierta calma hasta que de pronto la marea de gente despertaba y hacía caer un “Olé, olé, olé, olé, Bangtan, Bangtan” desde las tribunas.

Apenas pasadas las 20 horas la histeria colectiva se adueñó del venue y ante un barullo de ruido BTS salió con su canción de apertura insignia de esta gira ‘Hooligan’, una verdadera catarsis grupal. Si bien tanto la puesta en escena como el despliegue técnico eran despampanantes, quizás el mejor paisaje del show lo dieron las caras de asombro y emoción de todo el Army. Realmente conmovedor ver tanta gente así de contenta.
El show fue una fiesta. Casi todo el set estuvo marcado por un ambiente jovial y festivo. Jin, Suga, J-Hope, Jimin, RM, V y Jungkook parecían haber quedado anonadados con la pasión del público argentino, tanto fue el caso que en un momento la mirada de Jimin se asemejaba a la de Alex Turner en aquel fatídico Primavera Sound 2022. A diferencia de aquella ocasión, el público kpoper demostró tener más aguante y códigos que varios de los rockeritos que fueron a aquel show de Arctic Monkeys.
‘Run BTS’, ‘Fake Love’ y ‘Mic Drop’ fueron de los puntos más destacados del set principal. Por momentos (por no decir que siempre) se dificultaba escuchar lo que cantaban los surcoreanos, pues los gritos ensordecedores del Army debían oírse hasta en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Cuál Coco Basile, el cierre previo al encore fue digno de cerrar el estadio, pues solo los genios hacen eso. “I need the whole stadium to jump”, fue la línea que abrió uno de los temas más esperados de toda la noche. En el corto tiempo que llevamos desde la salida de ARIRANG (2026), ‘Body to Body’ se convirtió en una de las canciones más queridas de la banda y fue esa arenga inicial la que desató el pogo y la locura en todo el estadio.
Cuando parecía que la noche no podía subir aún más, quedaba ‘IDOL’ y fue entonces que la banda bajó del escenario con sus barrabravas y sus banderas, como si fuese la llegada de La 12 a La Bombonera. Las luces se prendieron para que los chicos relucieran, pero sobre todo para que los fans mostraran sus propias banderas. Escudos de Boca, Lanús, Nueva Chicago, Perón, un gaucho, el Diego, Messi, barrios o localidades como Villa Celina, Lugano, La Matanza, Avellaneda o San Carlos de Bariloche. Un hermoso encuentro cultural entre el Army y sus idols que fue recíproco al incondicional amor de sus leales seguidoras.
Tras el “Army time” en donde mostraron los trapos de los fanáticos por las pantallas, los 7 volvieron al escenario con la camiseta de la Selección Argentina de fútbol (inédito en la gira) para interpretar sus dos hits comerciales más grandes ‘Butter’ y ‘Dynamite’, infaltables para coronar una noche así. ‘Hold Me Tight’ y ‘Dionysus’ fueron las elegidas como canciones sorpresa para el jolgorio de sus fans.

Previo al cierre cada miembro tomó el micrófono para dedicarle unas palabras a Argentina. De este momento destaco primero el “Gracias totales” de Nam y el momento final en donde Tae declaró: “Fuera de joda son el mejor público, aguante Argentina”, en un sorprendentemente fluido español. Y así como el cierre perfecto de una película, el recital terminó con la banda girando en torno al escenario mientras interpretaron ‘Into The Sun’, el emotivo final entre lágrimas de la noche.
Hay algo muy lindo que se genera cuando la música une a las personas, especialmente en fenómenos así de grandes y masivos. Por alguna razón u otra el kpop se había tardado en llegar de forma masiva y popular a Argentina, pero luego de fenómenos como el de Stray Kids hace poco más de un mes y de ver la revolución que está generando BTS no me generan dudas que es un género que llegó para quedarse, y todavía tiene margen para seguir creciendo.
Lo que se vivió en La Plata fue una celebración. Celebraron que finalmente se nos dio, pero también en parte fue una celebración de nuestra propia cultura, nuestras propias costumbres y de que por fin pudimos compartirlas con la banda. Estoy seguro que así como yo salí sorprendido y conmocionado, el Army salió del Estadio Único con más fuerzas y energías de seguir derrochando su pasión por estos 7 muchachos surcoreanos, que estoy seguro que volverán. Pronto.
