IRON MAIDEN: PASAN LOS AÑOS, PERO LA PASIÓN PERSISTE

Un nuevo grito de la doncella de hierro

Fotos por @gallo_rockpix

Cuando hablamos de los grandes nombres de la historia de la música, su estatus no se explica solamente por sus canciones. Al dar nuestros primeros pasos en el arte, inevitablemente nos cruzamos con esos grupos aclamados que nos abren las puertas a todo un universo. En mi caso, Iron Maiden fue la primera banda que me enamoró y que sentí completamente mía, más allá de la música que podía inculcarme mi papá. Desde ver el videoclip de ‘Number of the Beast’ como si estuviese cometiendo una travesura blasfema hasta insistirle para que me llevara a su concierto en Vélez por el 2009. Aunque ya los había visto en reiteradas ocasiones, durante los últimos años me los había perdido, y eso hizo que el reencuentro fuera mucho más bello de lo que habría podido imaginar. Huracán coreó junto a una banda que siempre ocupará un lugar inmenso en el corazón de quienes dijeron presente.

En su anterior visita, cuando presentaron Senjutsu (2021) y Somewhere in Time (1986), Bruce Dickinson había anunciado que regresarían a Buenos Aires para tocar todos los clásicos que habían quedado pendientes. Aquella noche faltaron ‘Run to the Hills’ y ‘Number of the Beast’, entre tantas otras. Por eso, esta nueva gira celebró los 50 años de la formación de la banda y recorrió su historia musical desde el primer LP hasta Fear of the Dark (1992). Esta decisión hizo realidad el sueño de gran parte del público, con la inclusión de canciones atípicas como ‘Infinite Dreams’, que solo había sido interpretada durante la gira de Seventh Son of a Seventh Son (1988). Comenzar con ‘Murders in the Rue Morgue’, que llevaba más de dos décadas sin sonar en vivo, ya era más de lo que podía pedir, pero a eso le tenemos que sumar mi amada ‘Killers’, entre tantas joyas más. Gritar con el alma «I don’t want to be a powerslave», abrazado a alguien que nunca viste en tu vida, es lo más cercano a la euforia de un gol de tu equipo contra su clásico rival. Eso es lo que despierta Iron Maiden.

Retomando la idea del comienzo de esta crónica, me interesaba poner el foco en la emoción y la nostalgia. No es un detalle menor que el concierto haya comenzado con La H No Murió: Aquella frase que aparecía esparcida por la ciudad, infaltable en los baños de cualquier antro metalero, representó mucho más que una carta de amor a Hermética. Presenciar a O'Connor junto al Tano Romano en este contexto fue un plus enorme para quienes tanto anhelábamos ver a «la H», pero no teníamos edad para hacerlo en 1994. Hasta ahora no había tenido la oportunidad de verlos fuera de Malón, pero superaron todas mis expectativas y me dejaron con ganas de cerrar el año junto a ellos el 19 de diciembre en el Teatro Flores.

Una noticia trágica hizo que valorara aún más todo lo que sucedió aquella noche. Horas antes se había conocido el fallecimiento de Saúl Blanch, vocalista original de Rata Blanca. Aunque suele ser recordado principalmente por ese papel, antes había dado un paso importante para el rock pesado argentino con su banda Plus. Su muerte se suma a una racha de pérdidas inmensas en nuestra música, un contexto que me hace agradecer todavía más la posibilidad de presenciar a nuestros ídolos sobre un escenario.

El Tour Run for Your Lives recorrió 36 países con 107 conciertos y más de tres millones de espectadores, pero dudo que alguno de los otros 105 shows haya tenido siquiera la mitad de la energía que se vivió en la segunda noche en Huracán (solo comparable con la noche anterior). Al terminar, resultaba conmovedor ver a tantas personas abrazadas: parejas, amigos de toda la vida y, probablemente, más de un dúo que acababa de conocerse entre las intensas avalanchas. Minutos antes me preguntaba si aquella sería la última visita de la doncella de hierro. Afortunadamente, nos confirmaron que regresarán pronto.

Gracias por tanto, Maiden.

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