UN HIMNO QUE NO SE CONSTRUYÓ SOLO: 15 AÑOS DE BORN THIS WAY DE LADY GAGA

Un manifiesto sobre identidad que no envejece

Hay discos que son una máquina de hits y hay discos que, aparte de eso, te cambian el lugar que ocupás en el mundo. Lady Gaga entendió esa diferencia antes de entrar al estudio, y Born This Way (2011) es la prueba más contundente de eso. Cuando anunció que iba a ser algo icónico en su carrera, no estaba exagerando.

Porque Born This Way no es solo un segundo álbum exitoso, es un manifiesto sobre la identidad, un lugar de refugio y pertenencia para la comunidad LGBTQI+, construido con una generosidad poco común en el pop masivo. Gaga pensó esta obra para sus fans, los Little Monsters que la cuidaron desde el principio, y les devolvió esa protección cobijándolos bajo sus alas. Eso se escucha en cada canción.

Lo primero que sorprende al recorrer el disco es la amplitud de lo que propone. 'Marry the Night' abre con sintetizadores que explotan sobre una base de dance rock sin pedir permiso. 'Government Hooker' es más densa y furiosa, un corte dance con una electricidad casi agresiva. 'Judas' convierte una reflexión sobre la traición en una de las canciones más pegadizas del álbum, con guitarras que entran como un golpe. Y cuando uno cree que ya entendió el juego, aparece 'Yoü and I': una balada de rock clásico donde toca la guitarra Brian May, de Queen, y que suena más cerca de Elton John que de cualquier cosa que Gaga hubiera hecho antes. Tres canciones en distintos universos sonoros, y las tres funcionan.

Esa capacidad para moverse entre géneros sin perder coherencia es quizás el logro más subestimado del disco. Gaga mezcla electrónica, rock, funk, heavy metal y hasta guiños a la ópera sin que nada suene forzado. Y ahí aparece la sombra más evidente: Madonna. No solo en la grandilocuencia de las melodías o en esa vocación por hacer del pop un acto casi ceremonial, sino en algo más profundo, más difícil de nombrar. Viene de ella el toque espiritual que recorre el disco de punta a punta: las referencias religiosas de 'Judas', el tono casi confesional de 'Hair', la épica redentora de 'The Edge of Glory'. En esa última, Clarence Clemons —el saxofonista histórico de la E Street Band de Springsteen— toca uno de sus últimos solos grabados antes de morir, y se nota que Gaga sabía exactamente el peso de lo que estaba construyendo.

Y en el centro de todo, la canción que da nombre al disco: la primera en la historia del pop en incluir la palabra transgender en su letra, sin rodeos ni eufemismos. Gaga no escondió un discurso político tibio dentro de canciones bailables. Puso la bandera al frente, con nombre y apellido, y lo hizo sonar como el hit más grande del año, porque lo fue.

En una entrevista con la revista Metro, ella misma describió el álbum como “Una respuesta a varias de las preguntas que uno se hace a lo largo de los años: ¿Quién eres?, ¿Qué es lo que te ha pasado en la vida?”. Quince años después, Born This Way sigue siendo exactamente eso: una pregunta y una respuesta al mismo tiempo, con bajo, guitarra y sintetizadores a todo volumen.

 

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