Los nuevos Stones ya estaban consolidados. Lejos quedó la etapa con Brian Jones cuyo último disco fue Beggars Banquet (1969), y aún más lejos el mítico concierto de Hyde Park, un poco después de la muerte del fundador de The Rolling Stones. Ese día, Mick Jagger recitó un poema de Percy Bysshe Shelley en nombre de Brian y liberó mariposas sobre el escenario. La gran mayoría de ellas estaban muertas. Mick Taylor, nuevo integrante de la banda, debutó ese día, aunque nunca lograría adquirir la esencia “Stone” como sí lo haría Ronnie Wood con total naturalidad.
En Sticky Fingers (1971), lo visual es un componente central. Cuesta encontrar simbología tan redundante en la historia del siglo XX como la suya. John Pasche (contactado por Mick Jagger) diseñó el mítico logo, ya de innecesaria descripción, que tuvo su primera aparición en 1971 con la presentación del disco. Las inspiraciones parecen mitos. La similitud con la boca de Mick Jagger podría ser lo primero que resuene pero no es así. Hay una referencia directa de la diosa hindú Kali, sugerida por Mick. Una imagen violenta, sangrienta. La diosa tiene en una de sus manos una cabeza decapitada y viste una pollera de brazos. El logo tomó como referencia la lengua de esa diosa. Es muy difícil encontrar la linealidad de la inspiración si no se ve la imagen original de forma consciente.

La portada fue diseñada por Andy Warhol. Al igual que Pasche, fue contactado por Jagger. Él ya tenía experiencia como diseñador en el ámbito musical. Fue el creador de la mítica portada de la banana sobre un fondo blanco de The Velvet Underground and Nico (1967), y en parte también de la formación de la banda. En la versión original del vinilo de Sticky Fingers, la portada incluía un cierre que luego fue quitado en ediciones posteriores por la complejidad que tenía su diseño y distribución. El juego visual y táctil es símbolo de época: lo hicieron The Beatles con The White Album (1968) y The Velvet Underground con su disco ya nombrado. La portada de The Rolling Stones fue ícono de la época y de la historia del siglo XX. Fue recreada por sus coetáneos y por sus siguientes generaciones, y será puesta en habitaciones por toda la eternidad: Too Fast For Love (1981), el primer disco de Mötley Crüe, lo retoma; Gustar y Ofender (2025), disco de reybruja, también lo hace, uno con una sonoridad más parecida que otro, pero lo visual está.
Las fotos de la promoción del disco probablemente sean las mejores, o al menos mis favoritas. Su provocación es explícita, transversal en todo el disco: la foto del pantalón de ambos lados que aparece en la portada y en la contraportada; las fotos de ellos, Mick desnudo y el resto con alguna prenda de ropa tapándose únicamente por la portada; sus vestuarios sensuales en el escenario inspirados por el emergente Glam Rock de la época, pero también con influencia de sus novias. Toda una declaración.

Hay dos líneas que podemos destacar en la sonoridad del álbum. Ellas van jugando entre sí, parece que dialogan, se responden redoblando la apuesta: ‘Brown Sugar’ encabeza la primera. Líneas de guitarra protagonistas, una sensualidad en el sonido por el saxofón que aparece de fondo pero que arremete en mitad de la canción y que nos hace mover de forma lenta para volver a saltar cuando aparece la voz de Mick. ‘Bitch’ encaja perfecto en esta categoría. Las guitarras eléctricas nos invaden. El saxofón tan sensual que es réplica, eco. Este sonido es el que nos evoca la portada cuando la vemos.
La segunda línea está cargada de sensibilidad y comienza con ‘Sway’ pero la más explícita y conocida es ‘Wild Horses’. “I have my freedom, but I don't have much time. Faith has been broken, tears must be cried” (Tengo mi libertad, pero no tengo mucho tiempo. La fe se ha roto, las lágrimas deben llorarse). Las guitarras acústicas evocan momentos de soledad en la composición, de retracción ante el mundo y la realidad. Y acá aparece su eterno blues, que es la marca de este disco. Cuando digo eterno, es porque atraviesa la totalidad de la discografía: Brian Jones fue el encqartado de nombrar a la banda tomando el nombre de la canción ‘Rollin’ Stone’ de Muddy Waters. En su último disco, Hackney Diamonds (2023), un cover de esa canción fue elegido como track final del álbum y ¿de toda su carrera? Resulta poco probable con los rumores que comenzaron a circular estos últimos días. Pareciera casi una realidad que vendrá un nuevo disco y una nueva gira que probablemente sea la última.

‘You Gotta Move’ es la quinta canción del disco. Tiene los slides tan característicos que doblan la melodía de Mick. Nos la anticipan en un primer momento y continúan de forma unísona haciendo juegos entre ellos, se suma otra línea de voz y así continúa. Hay un poco de guitarra eléctrica para afirmarse y redoblar las voces.
Icónica en todos sus sentidos, Marianne Faithfull, novia de Mick en ese momento, siempre ocupó un protagonismo que desbordaba a cualquier escenario que pisaba. Una Artista, sí con mayúscula. Grabó películas (trabajó con Alain Delon en La Chica de la Motocicleta de 1968), fue compositora desde los años 60 y también fue un ícono de la moda que influyó en la estética de la banda de forma contundente e innegable. Fueron (y son) atrevidos gracias a ella y a Anita Pallenberg. Marianne ocupó también un rol central en la composición. Escribió la letra de ‘Sister Morphine’, aunque su reconocimiento fue tardío (hoy es parte de los créditos como compositora y letrista). “Please, Sister Morphine, turn my nightmares into dreams” (Por favor, hermana morfina, convierte mis pesadillas en sueños) dice la canción con una guitarra acústica de fondo. Esta también tiene el blues, ese blues del sufrimiento, del dolor que los Stones tanto amaron pero que jamás experimentaron. Ellos siempre fueron la representación clásica del británico londinense, sin grandes problemas económicos, contrapuestos a The Beatles, que eran chicos de Liverpool, ciudad portuaria y pobre por definición. La letra tortuosa de ‘Sister Morphine’, suplicante por momentos se mezcla con la contemporaneidad sonora de esa época: una batería marcada y un piano de fondo, agónico. Una canción que desparrama temor en su letra y angustia en su melodía.

El mismo mes en que salga esta reseña, se cumplirán 60 años de Aftermath (1966), su primer disco, y 50 de Black and Blue (1976). El primer álbum de su discografía es inaugurado por ‘Paint It Black’; Sticky Fingers comienza con ‘Brown Sugar’, el último con ‘Hot Stuff’. La sagrada Trinidad, al menos la mía, la que yo conozco y creo que muchos más también. Una tríada de la oscuridad Stone. Todo lo que rodea a su entidad está englobado acá, y nosotros lo agarramos. Nos lo apropiamos cuando estamos en casa. Bailamos solos en nuestras habitaciones. Su oscuridad nos envuelve, pero también esa sensualidad vertebral. Ya no estamos en nuestras habitaciones. Estamos en Hyde Park o en algún otro lado, pero ya no acá.
