THE HIVES EN ARGENTINA: EL RETORNO DEL REY

Señoritas y señores ¿están preparados?

Fue un día de noviembre, pero de 2014, cuando The Hives conquistaron Argentina. Su tercera visita al país los trajo como teloneros de Arctic Monkeys y tanta impresión causaron que varios asistentes —y sobre todo los que lo vieron por streaming— afirmaron que la pasaron mucho mejor con el show de los suecos que con el de los ingleses. Estos nuevos fans que sumaron fueron pacientes y, nueve años después, tuvieron respuesta: dos conciertos en Teatro Vorterix.

The Death Of Randy Fitzsimmons (el ficticio sexto Hive, del que pueden leer más en la biografía de la banda) es su primer álbum en una década. A juego con la temática de velorio, el tema con el que suben al escenario es el tercer movimiento de la marcha fúnebre de Frédéric Chopin. Rápidamente, la banda trajeada de blanco y negro rompe el ambiente lúgubre con ‘Bogus Operandi’, el sencillo principal que lanzaron en mayo.

Si nunca escuchaste The Hives y te preguntás cómo suena, es simple: es punk. Garage punk. Canciones que no superan los cuatro minutos, rápidas, con la dupla de guitarras de Nicholaus Arson y Vigilante Carlstroem sonando bien fuerte. Y acá entra la magia de Howlin' Pelle Almqvist. A sus 45 años, el cantante aúlla, arenga, se mueve de una punta del escenario a otra, se agarra de la columna, tira del cable y su crew —disfrazados de ninja— corren detrás de él para que no tenga inconvenientes con el sonido. De los artistas angloparlantes que visitaron la región este año, es el que más usó en vivo nuestro idioma. “Primero Hate To Say I Told You So… segundo Francia”, así introdujo con una sonrisa pícara al tema más conocido de la banda. Vorterix, una fiesta.

En el medio de ‘Good Samaritan’, los cinco Hives se quedan congelados por medio minuto. Por sus caras caen gotas de sudor, ya que mantienen sus trajes a juego puestos casi todo el show. El público empieza a cantar “Olé Olé, The Hives, The Hives” y luego del conteo de los platillos la banda reinicia para generar otra gran ronda de pogo. El teatro está inundado de remeras de Nirvana, Pearl Jam, The Clash, Marky Ramone: ningún show de estas bandas es como el de los oriundos de Fagersta. Entre el público había varias caras conocidas, ¿tomando nota?: Joaquín Levinton, Santiago Motorizado, los Winona Riders, por nombrar algunos.

A un fan que le roban el celular (el que avisa, no traiciona), le sugieren subir y tocar el bajo con ellos —un chiste recurrente durante todo el show— provocando las risas del bajista The Johan and Only y los presentes. La arrogancia de ‘la mejor banda sueca del mundo’ se combina con humor: cuando Pelle le da por fin la chance de hablar a un fan, todos los Hives tocan sus instrumentos al unísono para evitar que se oiga.

Lo prometido es deuda y como le dijo a MapSound el baterista Chris Dangerous, ‘Two-Timing Touch and Broken Bones’ de Tyrannosaurus Hives (2004) es el fan request que alegra a los seguidores más acérrimos de la banda. Luego de ‘Countdown to Shutdown’, la banda abandona brevemente el escenario.

La brevísima ‘Come On!’ los trae de vuelta y nos prepara para el “último centrifugado”, como lo definió Pelle. “Es todo. No hay más rocanrol esta noche, me despido, lo siento mi gente, te amo pero es todo. ¿Gusta más de los Hives? Claro que sí.” Después de una dedicatoria de amor hacia Argentina, Buenos Aires, Vorterix y a todos los presentes, The Hives sellan su actuación con la explosiva ‘Tick Tick Boom’, prometen que la próxima vez vamos a tener que esperar menos para verlos, y ojalá estemos preparados. O preparidos.

 

 

 

 

 

 

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