REYBRUJA: LA CARA DEL RECAMBIO

El rocanrol está mutando

Quien pasase por la puerta del Matienzo sin ser parte del recital, quizás no sabría quién tocaría dentro de unos minutos, pero sí o sí se daría cuenta de que habría un recital de rock: jóvenes alternativos de entre 18 y 30 años, cada uno con un latón de cerveza y varios acompañándolo con el pancho que venden en combo a pocos metros del venue.

Este público podría entenderse como una especie de evolución de los rolingas de los 90, con muchos puntos en común (peinado, vestimenta y gustos generales), pero modernos en todo sentido. 

Un Matienzo que te da la bienvenida con el Pity Álvarez sonando en los parlantes para hacer la espera más amena, un familiar olor a cigarrillo encerrado y un merch de la banda interesante: por un lado, las clásicas remeras de cualquier grupo de rock. Una bombacha blanca estampada con el escudo de la banda, y una remera con el logo de reybruja reversionado haciendo alusión al PR con corona de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La influencia de Los Redondos es innegable: desde los riffs, los ritmos hasta el público (además de que comparten la palabra Rey en sus nombres).

La música del Pity se frenó y comenzó a sonar el himno argentino. Aquellos que ya habían visto a la banda al menos una vez, ya sabían que era algo que sucedía previo a la salida del grupo al escenario, como si fuese un llamado de guerra. 

Con aires de Bob Dylan y Liam Gallagher, Enzo Lupo encarnó en su voz el último disco que lanzó la banda, Gustar y Ofender (2025). La tapa del LP, con un claro guiño a Sticky Fingers (1971) de The Rolling Stones. Sus melodías también recuerdan mucho a la banda inglesa.

Otro factor que se está rescatando de los 90 es la cultura del aguante. Si bien las épocas son incomparables principalmente por las diferencias sociales, políticas y económicas, el pogo, las banderas y la devoción por el grupo de turno son vértices hermanos. 

Probablemente estos grupos (reybruja, La Grecia, Autos Robados, etc.) sean el gen y la cara del recambio en el rocanrol. Así como en el 2016 se comenzó a gestar el trap en planos marginales, para que unos años después llenen estadios y firmen contratos millonarios, la cultura del rock puede terminar en un puerto similar: menos pibes escuchando trap y más volcóndose al rocanrol (así, escrito en argentino).

Al ser un venue relativamente chico, con una banda que, si bien su público los sigue a todos lados, todavía no es multitud, se genera un ambiente poco visto entre este tipo de bandas. Por un lado, el ida y vuelta entre la gente y los músicos. Por otro (y esto sí es novedad), el público subiendo cada tanto al escenario. En medio del pogo levantan en el aire a algún asistente, y surfeando en la marea de manos, llega al escenario para cantar algunas líneas junto a Lupo, darle un beso en la cabeza, y volverse a tirar con los suyos.

Quiero saber de qué barrio vino cada uno, grítenlo”, pidió el cantante, en línea con seguir construyendo comunidad con su público. Cada tanto, Lupo miraba a la gente y saludaba a quien parecía ser algún conocido.

Reybruja demostró ser uno de los capitanes del lavado de cara que se le está haciendo a este género, su público demostró estar a la altura de la situación, y esperemos que la sociedad esté preparada para revivir los 90 a nivel musical.

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