Fotos por @diegohomez
Bajar del colectivo y caminar las calles que te separan de Niceto Club. Pocos minutos en la noche suelen ser tan importantes. Hay algo ahí: la gente que camina esos espacios, esas calles te anticipan lo que vendrá. El 4 de abril fue así: los pelos que tapaban los ojos, algunos teñidos de negro, otros de rojo; ropas oscuras, medias de red y botas un poco altas. Nenagenix tocaba en Niceto Club y ya se sentía en el ambiente. Vi a un chico vestido de My Chemical Romance, como el esqueleto de Black Parade (2006). Nenagenix abrió para la banda el pasado 26 de febrero. Ya no hay vértigo por los escenarios grandes para ellos cinco.
Entré al venue para terminar de escuchar a la banda telonera Gales. Y acá está el segundo momento que define la noche. Una sala repleta que no esperaba a los principales, estaban ahí por los teloneros. Una unicidad en el fanatismo por ambas bandas que emociona.

Cuando subió Nenagenix al escenario la realidad se volvió onírica, el conjunto del espacio ya no era lo que creí al entrar. Pero antes de que empiecen a tocar las visuales fueron arrojadas a nosotros. Había una casa abandonada, se vieron imágenes de una cama y ¿Martina Sampietro? en ella. Había mucha gente ansiosa que se movía, no llegué a ver bien. Las visuales estuvieron presentes durante todo el show. Ellos nos obligaron a habitar una casa. ¿Su casa? No sé, nos obligan, sin represión, nadie escapa, nadie lo intenta. Tal vez en ese momento Niceto era su casa, la nuestra. Imágenes que fueron proyectadas entre cortes y manchas, como un sueño que tratamos de recordar al despertar. Lleno de agujeros que buscamos llenar.
Todos los integrantes entraron al escenario pero a contraluz, los vemos de negro. Son como seres que nos ¿intrigan? en este sueño sí. A ‘Contraluz’ no fue la primera canción que tocaron pero para la narrativa nos hubiese gustado. Las primeras notas sonaron, el público que sabía “Tenés a todos sonriendo”, parecía que Martina se lo estaba cantando a ella misma. Sonó ‘Dientes de Leche’ y el público saltó, y saltó toda la noche, saltaron eternamente en este sueño tan finito. Y el pasto que apareció y una cámara que se movía, parecían imágenes sacadas de una película con cámara en mano. Parecía que se querían escapar de esa casa, de la nuestra. Tal vez marque una nueva etapa para Nenagenix, un nuevo álbum, no lo sé.

“Como persona que dilucida las imágenes mucho antes que cualquier melodía, palabra o sonido, me identifico mucho con esa faceta multidisciplinaria de Gerard Way. Siempre tuve en mente y como sueño para Nenagenix poder exprimir al máximo ambos medios”, le contaba Martina (cantante) hace unos meses a Martín Sanzano.
La gente fue una inmensidad. “Wacho, cantan tan alto que no me escucho”, dijo Martina sonriendo, riendo. No había momento de escucha, solo momentos de liberación. La masa en una reunión. Dejamos las individualidad de lado porque somos nosotros y Nenagenix. Hubo una retrospectiva cuando presentaron una nueva canción. Van a ser tres años de su último disco Lo Más Cercano a Caer (2023), pero al público ¿le importa? Sonaron canciones que serán eternas. Desde lo onírico podemos hacer que el sueño jamás termine.

Y hay un interludio, momento que el sueño es pesadilla porque queremos un recital eterno. Vuelve lo visual pero con el único integrante que quedó arriba, Blas Bulacio y su guitarra que hacía eco en las paredes. Él protagonizaba el video. Estaba en nuestra casa y destapó un ¿mueble? No, me confundí: un grupo de sillas que se sostienen entre ellas y en el que él se sienta. Vuelve el grupo, muerte a la pesadilla. Después suena ‘Igual’ y de forma inmediata ‘Sueños por Debajo’.
“Vamos a hacer el pogo más grande de Niceto Club, si es necesario agujereen las paredes”, y así fue. Comenzó ‘Pulso’ y una bandera argentina de plástico apareció en ese instante, Martina la sostenía, era una identidad que trascendía lo nacional. “Voy a salir de mi cuerpo y aprender a ser yo de nuevo”, eso fue lo que se sintió toda la noche, una pérdida de la singularidad para encontrarnos en lo onírico.
Flores blancas aparecen de forma repentina sobre el escenario, una banda que agradece, se marcha, no hay retorno. Así es como terminó el sueño.

