Las conexiones entre The Police y Latinoamérica son mucho más profundas de lo que podrías imaginar. De manera casual, antes de explotar en popularidad, le ofrecieron a un famoso productor traerlos a tocar en Argentina. El resultado final fueron las tres noches legendarias en Buenos Aires y Mar del Plata de 1980 (en las cuales hubo un mítico incidente que relataré más adelante). Años más tarde, tras la separación de la banda, Andy Summers y Stewart Copeland consideraron reemplazar a Sting con Gustavo Cerati, lo cual quedó registrado en una canción. Décadas más tarde, tenemos en Buenos Aires a su guitarrista junto a dos leyendas de la música de Brasil, quienes en conjunto dieron un show que superó todas nuestras expectativas. No te pierdas nada de lo que se vivió con Call The Police en el ND Teatro.
A diferencia de Sting, Summers se distanció plenamente del pop para explorar el jazz fusión y una faceta mucho más experimental; algo que ya se notaba en sus composiciones en la discografía de aquella mítica banda. De todos modos, en esta última década se amigó con su pasado y comenzó a celebrarlo. Para ello, convocó a dos amigos de Brasil: Joao Barone, baterista de Os Paralamas do Sucesso, y Rodrigo Santos, bajista en Barao Vermelho. Estos íconos de la explosión del rock y la new wave en el país vecino cuentan con la sensibilidad perfecta para acompañar a Andy en algo que suena tan original como impactante. Tras una década ensamblando juntos, este trío ya ha durado más que la banda británica.
Ahora, el desafío. Pocos grupos de rock tienen la complejidad del trío londinense. Cada uno de sus integrantes es sumamente distintivo y parecían multiplicarse para generar una bomba sonora. No cabe dudas de que Summers está consciente de ello, pero su scouting fue inmejorable. Resulta shockeante escuchar a Rodrigo gritando con tanta fuerza las canciones, encarnando la versión más potente de la banda hace más de 45 años. Pero no solo es remarcable lo vocal, sino las texturas que construye en el bajo durante cada minuto, ampliando una pared de sonido que parece no tener fin. Lo que sí, Barone no alcanza a tocar como Copeland, pero hace muy bien en no intentar imitarlo sino en hacer su propio abordaje a las canciones.
Respecto al setlist, fue absolutamente demoledor. No solo una variada selección de cada álbum de The Police, sino que adicionalmente jammings alucinantes. Por ejemplo, una versión extendida de ‘Roxanne’ con un prolongado instrumental en el medio; o la mejor interpretación de ‘Can't Stand Losing You’ que escuché. Se enfocó mucho en el debut, Outlandos d'Amour (1978), pero lo maravilloso fue que demostró la potencialidad que tienen esas canciones que quedaron plasmadas con un abordaje más «crudo».
“Adoro tocar en Argentina. Ya lo hice un par de veces con otro trío que tenía, no recuerdo el nombre de esa banda” bromeaba Andy a la mitad del set. En aquellas presentaciones de 1890, él fue protagonista de un hecho que no tantos tienen presente. En el marco de la dictadura cívico militar que padeció el país, agentes de la Policía Federal eran los encargados de la, entre muchas comillas, seguridad del evento. En aquella noche de Obras, un oficial comenzó a acosar a una fanática y procedió a intentar llevársela detenida. Esta mujer era la novia de Gamexane, un ícono de la cultura punk en Argentina y guitarrista de tanto Todos Tus Muertos como Los Siete Delfines. Al presenciar eso, Summers le dio una patada con la que voló la gorra del uniformado. Un hecho que quedó inmortalizado, pero que pudo tener consecuencias gravísimas, ya que en camarines intentaron detenerlo. Grinbank y el manager de la banda lograron mediar una situación que pudo escalar a mayores.
“Me encanta tocar en teatros viejos” fue una de las primeras cosas que remarcó el guitarrista, en referencia a esta casa de espectáculos que está cumpliendo nueve décadas. El problema es que sus sonidistas no tomaron en cuenta las dimensiones de este, relativamente pequeño, teatro. A pesar de ser de alta calidad se tornaba hostil, y parecía acorde a un lugar mínimamente el doble de grande. Afortunadamente un par de tapones (gracias a la recomendación del equipo de Mapsound) salvaron los oídos de quien suscribe.
A modo de conclusión, debo mencionar algo que estaba pasando por alto en remarcar. Este hombre tiene 83 años. No creí que de ninguna manera podría bancarse más de una hora parado, incluso no me sorprendería que toque sentado en su totalidad. Atentando contra el sentido común, realizó todo el show sin sentarse un minuto. Ese espíritu es invaluable.
