BOOM BOOM KID: EL QUERERNOS TAMBIÉN ES DE PUNKS

Pasan los años y siguen encarnando un feeling que no se olvida

Fotos por @gastonmarin

Los ‘90 fueron un periodo de cambios dentro del rock argentino. Luego de que en la década anterior diversos proyectos rompieran con el marco de lo que podía ser rock, proyectos como Flema, Massacre, Cadáveres y 2 Minutos renovaron por completo el punk. De todos modos, entre tantas bandas que ocupaban Cemento o el Parakultural, la más diferente fue probablemente Fun People. Tras disolverse a comienzos de este siglo, de las cenizas surgió Boom Boom Kid, que en 2026 sigue encarnando ese mismo sentimiento de tres décadas atrás. 

Más de una ceja se habrá levantado al leer que considero a Fun People uno de los grupos más distintos de la escena punk. ¿Pero cuántos más se hacían llamar un grupo hardcore gay antifascista en los ‘90? Hoy en día sería simpática esa etiqueta, pero en aquellos tiempos era otra cosa. De todos modos, a pesar de la agresión que a veces tiene su música, esta se basaba en un espíritu pacifista completamente combativo, que hacía todo lo que estaba en su poder para alejar a los públicos violentos o fascistas que habitaban gran parte de la escena en aquel momento. El vocalista y líder, Nekro, mantuvo su ideología como parte esencial en la música. Luchó contra las desigualdades desde su lugar y se ha mantenido completamente coherente y auténtico hasta el día de hoy. Esto se refleja en el público que lo sigue hoy, que mezcla tanto pelos canosos como adolescentes teñidos en varias paletas de colores. Por un lado, chicos entre 16 y 20 años, que hacen al dicente sentirse como un abuelo. Pero, por otro lado, también padres de unos 50 acompañados de sus hijos. Conversando con una mujer y su hija, la madre me comentaba que lo sigue a Nekro desde un recital por el conurbano en 1996. Consultándola sobre cuándo fue la primera vez que llevó a su hija a uno de estos conciertos, me contestó que en ese entonces la niña tenía tan solo cinco años. 

Una vez que se abrió el telón de Niceto, se veía en la batería una remera con la figura de Laura Bonaparte, psicóloga y activista de los derechos humanos, víctima de la desaparición de tres hijos, dos yernos, una nuera y el padre de sus hijos. Un pequeño tributo, recordando a una de las precursoras de la campaña internacional para que se declarara delito de lesa humanidad la desaparición forzada de personas. Desde la primera canción, Nekro nos decía entre versos que el ser golpeados a palazos a las 4 de la mañana no es lo que imaginaba de la Copa del Mundo, preguntando “¿Esto es el Mundial?”. Una respuesta a la represión que se vio en diferentes rincones del país durante la madrugada posterior al pase a semifinales. Fiel al estilo BBK, sin tregua, saltaron de una canción a otra. Intensidad en su máxima expresión, con un público que no paró de empujar un instante. Constantes saltos y un ritmo que motivaba a la banda más y más.

Como en cada show de BBK, cada integrante cumplió su función a la perfección, brindando ciertos giros a las canciones y en muchos casos, versiones bastante más intensas. Saltando desde el punk violento hacia bellos momentos melódicos, pero también agregando un par de gritos salvajes con sabor a grindcore. Tal y como se acostumbra en sus conciertos, las personas que lograban surfear entre el público eran ayudadas por el personal de seguridad a subirse al escenario para, en la mayoría de los casos, saltar de nuevo inmediatamente sobre la gente. Otros aprovechaban la oportunidad para abrazar a su ídolo o para gritar una línea de la canción. 

El espíritu de Nekro sigue resonando entre miles de personas que lo adoran con devoción. Pero lejos de abrazar ese ego, él intenta orientarnos hacia otro lado. La paz, el amor, el cuidado de la naturaleza y la fraternidad. El punk puede ser todo eso y mucho más.

SEGUINOS

TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE