La resiliencia es una virtud invaluable. Persistir ante la adversidad, adaptarse a los cambios y seguir empujando. Un artista, para lograr el éxito, muy probablemente necesite bastante de eso; pero la mayoría se da por vencido con el paso de los años. Pentagram es una banda cuya historia es pasión absoluta: formados en 1971, con apenas algunos singles durante esa década, les tomó 14 años editar su primer álbum de larga duración, publicado de manera independiente. Periodos en la cárcel, peleas con algunos de los managers más famosos del hard rock sobre decisiones artísticas y constantes rechazos. Incluso ensayaron frente a los miembros de KISS, quienes se burlaron de su apariencia, ya que algunos tenían ropa de limpieza regresando del trabajo. De todos modos, aquella jornada concluyó con una oferta de Paul Stanley para comprar algunas de sus canciones, propuesta que Liebling rechazó inmediatamente. Hoy, considerados como uno de los grupos fundamentales del doom metal, realizaron su última gira latinoamericana, con escala en Uniclub. Pocas veces este lugar vibró así de bien.

Soy una persona que disfruta de estar atenta en la previa a un concierto. Me gusta escuchar lo que conversan las personas alrededor, tratando de contener una notoria ansiedad por el comienzo del show. En este caso, muchas charlas giraban en torno al documental de la banda, Last Days Here (2011). Aquella película retrata la fragilidad de su líder, Bobby Liebling, su brillante búsqueda y los serios problemas de adicciones que atravesó a lo largo de su vida. Se lo mencionaba con cariño, casi como tratándose de un tío. Repentinamente, sin previo aviso, escuchamos el ruido del redoblante y el fuerte tono de la guitarra. Tras esos segundos, comenzó a sonar la apropiadamente titulada ‘Live Again’. Desde la ultratumba emerge un brujo de pelo blanco, con una mirada intimidante hacia la nada, sosteniendo el micrófono y cambiando el ambiente de un segundo a otro.
Pasándose entre ellos una botella de Jägermeister, Pentagram nos brindó un concierto breve pero contundente. Celebrando su reciente Lightning in a Bottle (2025), esta nueva encarnación de la banda tiene una potencia mucho más salvaje que las anteriores. Los solos de Tony Reed son una bomba distorsionada que no tiene piedad, y en el escenario fluye de la manera más descontracturada. Cuando vi los tatuajes de King Crimson y Ace Frehley en cada brazo, sumados a una remera del Southern Death Cult, inmediatamente se ganó mi cariño. Los tres músicos que acompañan a Bobby tienen un par de décadas menos que él, pero justamente cargan la energía que merece este tipo de rebeldía.

En pleno juego de seducción, el carismático cantante no desperdició la oportunidad para coquetear con algunas de las mujeres que estaban cerca del vallado. Entre chistes y frases terroríficas, despertó tanto risas como pogos. Tras 11 canciones se retiraron del escenario con su vocalista agotado. Después de unos minutos regresaron, con un cigarro encendido y bebiendo tragos muy largos. Agradecieron al público y concluyeron con dos clásicos: ambas grabadas en la primera ocasión que entraron a un estudio de grabación, el 22 de marzo de 1973. ‘Forever My Queen’ y ‘20 Buck Spin’. Aplausos y devoción por una banda con suficiente pasión como para encender una llama en nuestros corazones. El pentagrama no se borra.
