Fotos por @charlieriobueno
Honestamente les digo, no sé cómo se inició este vínculo entre Bestia Bebé y el fútbol, o si fue algo que siempre estuvo ahí. Lo más probable es que se trate de la segunda, pues quien es o ha tratado con futboleros bien sabe que es IMPOSIBLE desprenderse de esa pasión que termina condicionando todos los ámbitos de la vida de uno y de los demás.
Desde llegar tarde a cumpleaños porque “el chorro del árbitro añadió 10 minutos de agregado” a estar completamente alienado en un casamiento porque tu equipo que juega con 10 está defendiendo un 1-0 con uñas y dientes en los últimos 15 minutos del segundo tiempo. Paisajes que uno reconoce, y estoy seguro de que los muchachos de Bestia también.

¿Y cómo no lo van a entender? Si yo los vi una vez a estos chicos poner el partido de Racing en la pantalla del Konex porque se jugaba la ida de la vuelta de la Recopa Sudamericana. Gente que lo ha dejado todo en pos de sus pasiones: el fútbol y el rock.
Los shows de Bestia se tornaron en reuniones de futboleros y futboleras en donde por esas casualidades de la vida suele pasar que también toca una banda de rock que los sabe interpelar. Crisis emocionales, de pareja, no llegar a fin de mes, que pierda tu equipo, el barrio, todos tópicos de gente común a los que les canta Tomás Quintans.

Por eso a pesar de verlos en vivo 10 millones de veces es que jamás pierde el encanto cantarles el eterno himno “jugadores la concha de su madre” cada vez que salen al escenario, junto a otras 2.000 almas que también fueron con las camisetas de sus clubes. Mantos de ídolos eternos como Gorosito en San Lorenzo, Rubén Paz en Racing, centenares de casacas de Román a lo largo de su rica historia en Boca, hasta jóvenes niños Scaloneta con la última de Messi tiñeron de colores el Complejo C.
La cita del 24 de julio tenía un propósito, pues La Bestia reunió a sus hinchas para celebrar el lanzamiento de su último disco, Yendo rápido a ningún lugar (2026). Sonaron varios de los temas nuevos, que fueron rápidamente acogidos por los fanáticos, quienes los transformaron en himnos. ‘Planes perfectos’, ‘Chaleco antibalas’, ‘Cara de piedra’ o ‘El tiempo (es lo peor)’. Defendiendo el disco en vivo, la banda volvió a demostrar por qué es uno de los lanzamientos nacionales del año.

Como es usual al ver a Bestia, la banda no toca, ruge. El sonido en el C Art Media fue contundente y devastador. Las guitarras de Tom y Marki Canosa sacudieron a todos con poderosos riffs como los de ‘El verano’, ‘Fiesta en el barrio’, ‘Un documental sobre mí’ o ‘Vamos a destruir’.
Toda buena película tiene momentos de tensión, y en el caso de este show de Bestia Bebé fue cuando sonó ‘Lo quiero mucho a ese muchacho’. Todo comenzó cuando comenzó la canción y un joven sacó a relucir una bandera blanca y celeste que acompaña a todos lados. Tom agradeció la presencia de la misma, e inmediatamente salieron de la nada dos personas de seguridad a arrebatarle la bandera al fanático quien se aferró a ella con todas sus fuerzas. Finalmente, con la ayuda de otros miembros del público, el trapo fue recuperado en medio del pogo de ‘Muchacho’.

Cerca del final y con la sencillez y la humanidad que lo caracterizan, Quintans agradeció al público por haber ido y remató el show con una seguidilla letal. Primero ‘El atrevido’, el corte más popular y destacado del disco nuevo, luego el emotivo homenaje a Maradona con ‘El descontrol’ y el ya clásico cierre a puro pogo con ‘Wagen del pueblo’. La banda finalmente se retiró del escenario con la icónica ‘Stand By Me’ de Oasis.
Bestia en vivo tiene ese no sé qué. Es quizás una de las pocas bandas argentinas del siglo XXI que saben potenciar ese espíritu futbolero. Igual de aptas para escuchar en Niceto como para musicalizar un asado entre amigos, es calidez, es confort, es amistad, es Bestia Bebé.
