Fotos por @gina.loy
¿Cómo transitar el paso del under hacia algo más? No es sencillo lograr escalar de los pequeños centros culturales hacia un estadio, pero incluso si se logra, es complejo que los artistas mantengan esa comunión con sus seguidores. No eran lo mismo los Ratones Paranoicos rockeando en Cemento que abriendo a los Rolling Stones. A pesar de que claramente Moscú, Emergente o Laberinto les quedaron pequeños, los Winona Riders decidieron emprender algo atípico durante este año. Noches en diferentes lugares donde nunca antes habían tocado, una por mes, donde tocaban la totalidad de sus primeros cuatro discos hasta llegar al más reciente, 0% (2026). A mitad de camino, la tercera noche fue en Uniclub, con su álbum más diferente hasta la fecha.
Lo recuerdo como si fuese ayer. Niceto Club, agosto del año 2024. La noche comenzó con una intro muy particular de sintetizadores, una base hipnótica y el rugido de las guitarras. El aire se sentía tenso, y Ariel Mirabal cortaba esa tensión con un grito de “Vi, vi… vi, vi…” Eventualmente un explosivo VICTORIA que daba lugar a que la canción se acelerara. Estábamos presenciando el debut de ‘V.V.’, previo a su grabación. Horas más tarde, en otro lugar, le comenté lo fuerte que se sintió eso. Casi como si estuviésemos frente a una nueva personalidad, no solo suya, sino de la banda. Lo veía como un personaje carismático y confrontativo, un alter ego particular como fue Ziggy para Bowie. Ari, con su maravillosa simpleza, me dijo: “Es que se vienen nuevas cosas, es un poco de eso”. Días antes en Laberinto también presentaron nuevas canciones, y este fue un quiebre inmenso con el imaginario que construyeron los años anteriores. Ese cambió se terminó llamando No Hagas que me Arrepienta (2024), casi que como un mensaje para ese osado salto.

Casi dos años después, tras ser tapas de Rolling Stone y llenar un Obras Sanitarias, girar por Europa y con otros dos álbumes en la calle; volvieron a este álbum. En las presentaciones de sus primeros dos discos, comenzaron tocándolos en su totalidad para luego saltar hacia diversas canciones y algún que otro cover. Sea de los Stooges o de 13th Floor Elevators. Fiel al estilo Winona, nos sorprendieron encarando primero canciones de su amplio repertorio y después el LP. Los covers de la noche fueron tanto de sus amigos, The Ganjas, como de Davila 666. Otros de los highlights fueron una versión sublime de ‘El Último Te’ y un track solista de Ariel, ‘Todos Nos Miran Ahora’.
Una vez que terminó ‘Lisas y Rayadas’, comenzó el viaje a través de No Hagas que me Arrepienta. Canción a canción, se revivía la sensación de incertidumbre y tensión que generó en esas primeras escuchas. En cierto punto, las versiones extendidas de la desgarradora ‘Hondart’ como de ‘Separados al Nacer’, denotaron lo mucho que han crecido como banda a lo largo de estos años y como lo siguen haciendo. Pero hubo un momento en el que nos dimos cuenta de que algo estaba mal. Eso fue durante la canción que canta Francisco Cirillo, el baterista, ‘Buscando Amor (Por la Carretera)’. La cortó antes, y a pesar de que parecía tal vez uno de esos juegos que hacen los músicos sobre el escenario, en realidad tenía relación con la producción. Rápidamente saltaron a ‘Fiesta en el Ascensor’, pero al cierre de esta, diversas caras aparecieron por detrás del escenario. Les avisaron que no tenían tiempo y que debían cerrar. Entre discusiones, Ariel se disculpó con el público e informó que tenían que tocar un último tema, que el resto del álbum quedaba pendiente para la próxima fecha. Ya la doble batería estaba tocando la intro de ‘Tiempo de Jazz’, la canción que seguía en el LP. De todos modos, se pausaron, y con las luces encendidas cerraron con ‘Riders’.

En muchos conciertos, un hecho como este habría resultado en un «seudo escándalo». Por lo menos unos chiflidos e insultos al lugar. Pero el público permaneció tranquilo, consciente de que muchos estarán para la próxima velada en Unión y Benevolenza por agosto. Una pena como errores de organización, con casi una hora de demora en abrir las puertas, terminó llevando a esta circunstancia. Afortunadamente, queda mucho por poguear.
