Esa noche llovió sin parar. Unos segundos antes de que comience el segundo show de Lali en River, las luces que estaban ubicadas en las esquinas del estadio se prendieron, formando una estrella: el símbolo de su último disco. Durante ese momento liminal, en el que las luces se encendieron pero Lali todavía no había salido, dejó de llover. Durante unos segundos todo estuvo seco. Como un preludio, como si las luces hubieran formado un techo invisible sobre nuestras cabezas. Un momento que se rompió cuando apareció ella, las luces se apagaron y todos nosotros dejamos de mirar hacia arriba para clavar la vista en el escenario y no moverla de ahí durante las siguientes tres horas.
Hablar de Lali en nuestro país es mucho más que hablar de música. Es hablar de identidad, de feminismo y de política. Su último disco, No Vayas a Atender Cuando el Demonio Llama (2024) fue una respuesta al acoso que vivió después de manifestar (de forma muy amable) su opinión sobre Javier Milei. Un caso atípico en nuestro país, que replica un poco el modelo Trump vs Taylor Swift, con una diferencia muy grande: Lali respondió con música. Y respondió con rock.

Lali se sabe hija del rock nacional. Sus músicos, Fran Azorai y Chipi Rud (entre otros), ya formaron parte de la banda de artistas como Wos. Este acercamiento al rock se produjo primero en el rap y luego pasó al pop, siendo Lali una de las principales referentes. Hay un enojo y una potencia que solo puede encarnar el rock. Sin embargo ella, siguiendo aquel sobrenombre que le puso Moria Casan, es nuestra “gladiadora del Pop”. Ella defiende el género ante todo, incluso cuando las guitarras suenan tan fuerte y con tanta distorsión que la Lali popera parece quedar muy atrás.
Solo Lali puede llenar dos estadios de este tamaño. En el pop solo Lali puede unir un River entero al grito de “El que no salta votó a Milei”. Solo Lali puede invitar a Duki, Miranda! y Kylie Minogue a un show y que convivan perfectamente. Solo Lali puede fusionar su canción ‘No Me Importa’ con un fragmento de ‘Jijiji’ en honor al Indio y que no nos haga ruido, que se unan perfectamente porque Lali también es eso. Es alguien que se anima a hacer esas jugadas que después de muchos años comenzaron a funcionar.

“Yo siento que nosotros tenemos un código. Es como si no tuviera que explicarles quién soy. Yo los miro y puedo reconocer en ustedes a un amigo, a una persona que conozco, que quiero, que sabe quién soy. Eso es invaluable, eso a muchos les molesta”, dijo justo antes de terminar el show. Un show en el que la lluvia no impidió que Lali vuelva a demostrar que es una de las artistas más importantes de nuestra generación.
