NATALIA LAFOURCADE: LAS MIL Y UN VIDAS DE LA CANCIÓN

El encanto de la sensibilidad latinoamericana en Buenos Aires

Fotos por @marianapardoph

Existen circunstancias en las que mirar hacia el pasado, volver hacia algo anterior, es más transgresor que buscar «el sonido del futuro». La obra de Natalia Lafourcade es testimonio de eso mismo: explorar el potencial de la canción latinoamericana e indagar en el bello folclore mexicano. El teatro Gran Rex fue el escenario perfecto para presentar Cancionera (2025), bajo luces tenues, dominado por un rojo carmesí y un azul profundo y melancólico. Esta dualidad en armonía personificó lo que se vivía dentro del teatro: un descenso, un respeto solemne por parte del público, la intimidad de la artista, despojada de casi todo acompañamiento de banda, y, a su vez, la energía vibrante en el humor, en la confianza entre el público, en la imperfección y en la humildad en la carne. El show no fue tanto presentación del aclamado proyecto, sino una invitación amiga a la psique e intimidad de una cantautora; pero para entender qué es exactamente Cancionera hace falta ir atrás y entender el camino.

La última vez que Natalia Lafourcade tocó en Argentina fue en agosto de 2023, cuando presentó De Todas las Flores (2022). En aquella ocasión, aun dentro de las ramas folclóricas del bolero, pero en una fusión con la bossa nova, el jarocho y la cumbia, encontró formas de reimaginar y reflexionar sobre la propia vida y la muerte. Mucho se puede decir de aquel espectáculo en el Movistar Arena, marcado por una teatralidad inmensurable. La mexicana encaraba la idea e imagen de su propia muerte y la abrazaba, como otra transformación necesaria del alma siempre joven en eterno viaje. Pero a su vez, la cantante se aseguró de acercar su calor y confianza, logrando achicar un escenario tan gigante y construir intimidad. 

No obstante, el concierto de hoy recuerda más a su primera aparición en nuestro país, allá por el 2018, durante «la era de musas». Musas (2017) fue una obra en dos partes, recopilando tanto canciones típicas de distintos rincones de Latinoamérica, especialmente México, como también material original inspirado por el continente mismo. Este fue el principio del camino por el que hoy en día es conocida: amor no solo al ritmo, sino a la cultura y la filosofía de vida. Natalia trajo en esa ocasión a su banda y colaboradores vestidos de colores vibrantes y transformó al teatro, haciendo de este una fiesta viva y alegre, pero manteniéndose fiel a lo tradicional y presentándose de la manera más pulcra.

Artistas contemporáneos como Milo J, Rosalía y Bad Bunny buscan en el folclore un sonido fresco. Mezclar lo tradicional con lo moderno para redefinirlo, enfatizando una producción experimental, rica y abrasiva. Entienden el arte folclórico como un sujeto que respira y que es consciente tanto estas eras como las que hay por venir. Para lograr encarar esta fusión, se requiere no solo comprender las estructuras, sino que también vivirlas. Aclarado este punto sobre la virtud moderna, Natalia Lafourcade está en el otro extremo del espectro, igualmente digna. En su propuesta, desde la concepción de Musas, no hace falta reimaginar de esa forma, no por un dogmatismo que nos mira desde arriba, sino lo contrario, en un abrazo cálido que encuentra más que suficiente nuestro folclore latinoamericano. Respirando en las tradiciones e invitando a coronar de flores a aquellos músicos con los que siempre que puede comparte escenario 

Así, Cancionera viene de una voz experimentada en la industria, en el folclor y en la vida, pero que entiende esta página como un renacer. Cancionera trata de deshacer los adornos de la música y trata de llevarla a su forma más primitiva pero poderosa: en el único instrumento, destacando la guitarra,  letras honestas y una voz poderosa pero gentil. El existencialismo que le tocaba la puerta durante De Todas las Flores ahora ha pasado a las partes más básicas de su concepción artística. Y precisamente, la propuesta visual tiene un poco de eso. Natalia vistió un traje sencillo, negro y oversize. Su cabello adornado por una única trenza con listón. Al ingresar al escenario, no lo hizo con una guitarra, sino con una valija. De allí luego de revolver entre papeles y basura, sacó una figura de porcelana para situarla sobre el piano, junto a una pequeña máscara. El concierto abrió así, de una forma tan solemne que la vasta mayoría de los presentes casi ni se inmutaron por grabar. Cancionera es una experiencia inmersiva, Lafourcade nos invita a su cuarto a hablar con ella y repensar lo que nos atrapa de la música y lo que dice de nosotros mismos, en esta ocasión. 

A modo de cierre, quería remarcar uno de los momentos más emocionantes. Natalia, como de costumbre, pedía por favor que se le interrumpiera de cierta forma. Insistía en lo mucho que le gusta que le griten cualquier cantidad de declaraciones, tanto de amor platónico, patrio o hasta gritos por justicia social. Esto desembocó en que nos pidiera a todos que gritáramos cualquier cosa que quisiéramos. Tras una cuenta regresiva, un mar de declaraciones inundó la sala; era tal la vehemencia que cada voz mantuvo el anonimato entre los gritos. 

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