Devendra Banhart volvió a la Argentina luego de su recordada presentación en el Music Wins Festival 2022 para realizar una serie de shows a lo largo y ancho del país. Ya había pasado por Mendoza e iría por el Cosquin Rock, pero antes decidió visitar la Ciudad de Buenos Aires, más específicamente al Club Deseo, para brindar un show íntimo y sincero a la luz de las velas.
La apertura estuvo a cargo de Tango Astral, quienes para este set implementaron un formato de dúo acústico y se encargaron de construir una atmósfera tenue y cálida en el recinto que pronto contaría con la presencia del estadounidense-venezolano.
En un marco totalmente definido por la antesala del día de los enamorados, el show se sintió como una cita, que si bien comenzó de forma extraña y poco convencional, poco a poco fue ganándose a su audiencia a base de carisma y buen humor.

UNA CITA MULTITUDINARIA
Tras apenas finalizar la primera canción de la noche ‘Sight To Behold', Banhart se puso a conversar de manera muy natural con el público, como si de un show de stand up se tratase. Ese ida y vuelta sería el sello que marcaría al resto del show.
Una puesta en escena sencilla en exceso, una silla en el medio del escenario con el micrófono por delante, rodeado de dos guitarras, una acústica, una eléctrica. Junto a ellas, una mesita ratona que solo sostenía el vaso del que bebía el compositor y una vela, que se fue consumiendo poco a poco a medida que transcurría la velada.
Como si se tratase de una primera cita, Devendra se fue descontracturando con el paso de la noche y hablaba de forma más cómplice con el público, que de a poco iba cayendo bajo su particular encanto, a base de chistes y comentarios entre canciones como ‘Little Yellow Spider’, ‘Quédate Luna’ o ‘Angelika’.

LAS VÍAS DE COMUNICACIÓN
Tras este segmento, el de Texas decidió por fin dejar hablar a sus fanáticos. “Quisiera abrir las vías de comunicación”, exclamó el cantante en anticipo a preguntarles a las más de 1000 almas presentes qué canción querían que tocara a continuación. Pronto, el complejo ubicado en Avenida Chorroaín al 1040 se inundó de un mar de gritos y pedidos al artista, que contrastó con el tranquilo y pasivo ambiente del resto de la noche.
Así fue que Devendra hizo un popurrí con algunas de las canciones más pedidas, acto que volvería a repetir más adelante. “Es como una pesadilla estar aquí arriba y que me estén gritando todos ustedes”, bromeó el cantautor luego de escuchar las centenas de voces que le reclamaban un tema en particular.
Entre el público se podía observar a gente abrazada, parejas con niños y novios bailando al compás de canciones como ‘I Remember’, ‘My Dearest Friend’, ‘Brindo’, ‘Panky’ y ‘Golden Girls’, en un setlist armado en orden cronológico, partiendo de Rejoicing in the Hands (2004), hasta el más reciente lanzamiento del artista Flying Wig (2023).
Con un carisma humilde, pero encantador y su particular acento venezolano, Devendra continuó con sus monólogos entre canciones, reflexionando y autorrespondiéndose preguntas. “Mi trabajo es tocar bien y ser honesto porque eso se nota, ya que estoy solo acá arriba”, concluyó el compositor previo a uno de los momentos más lindos y tiernos de la noche.

UN ENCUENTRO CONMOVEDOR
Entrando a la recta final de su presentación, Banhart invitó a una asistente al subirse al escenario a cantar una canción propia inédita. El cantante gentilmente saludó a la aficionada y le cedió su guitarra acústica a la artista y compositora Mora Saleh, quien terminó por deslumbrar a todos con una hermosa balada acústica y una hipnotizante voz que no hizo extrañar a nadie la ausencia del frontman de la noche (quien habría ido al baño en este lapso del show). Al finalizar, ambos se fundieron en un abrazo y ofrecieron el momento más conmovedor de la noche.
La lista principal cerró con ‘Charger’ y, tras un breve bis, el artista agradeció de manera muy cálida y sentida a su público, con ese humor que lo caracterizó a lo largo de todo el show. Luego procedió a terminar la velada con ‘Carmensita’, en donde destacó por demás su performance vocal, cargada de nostalgia y de emotividad. Antes de retirarse, despidió a la audiencia con una canción electrónica compuesta por él mismo a base de samples, cerrando así la jornada con un baile colectivo que hizo que todos se levantaran de sus sillas.
Como una cita, un encuentro romántico y fugaz que pudo haber pecado de haber pasado por momentos incómodos, pero en el balance queda lo bello y lo emotivo de la ocasión.

