COSQUÍN ROCK 2026: EL ROCK, MÁS VIVO QUE NUNCA

Una edición más del festival que demuestra que el género nunca murió

Solamente fueron unos pocos los corajudos que se animaron a enfrentarse al calor y al sol de las dos de la tarde del pueblo cordobés para dar inicio al primer día del festival Cosquín Rock. Ubicado en un predio de más de 12 hectáreas, llegar del escenario Norte al Sur requería caminar unos 950 metros. 

Para algunos, la experiencia rockera empezó con un primer acorde en una guitarra eléctrica acompañado de una línea de bajo. Para otros con el humo de los carritos que vendían choripanes en las inmediaciones del predio. Sin embargo, unas de las experiencias más completas fue sin dudas la de quienes decidieron hospedarse en los campings aledaños al Aeródromo Santa María de Punilla, en donde desde la noche anterior sonaron Los Redondos, Divididos, Viejas Locas, y varios más.

Con un pritiau en mano (trago alcohólico típico de Córdoba compuesto por 75% de vino tinto y 25% de Pritty de Limón, con mucho hielo), un piluso de La Renga en la cabeza y música de fondo, comenzó la caminata junto a la mayoría de los asistentes. Como si el contexto no bastara, desde la producción del Cosquín manijeaban a los más rockeros con carteles similares a los de tránsito que decían: "mínimo permitido 80 decibeles", "zona de alto voltaje emocional" o "próximo acorde en 500 metros".

Abrir un festival de semejante calaña no debe ser simple, pero aquellos grupos o artistas que cargaron con ese honor lo hicieron a la altura. Específicamente, Kill Flora, una banda de punk rock conformada íntegramente por mujeres en sus veintes, que ingresó al escenario con una vehemencia que deja muy en claro que el futuro del rock argentino joven está en buenas manos. A contramano, estuvieron aquellos demostrando que "lo viejo funciona", como por ejemplo, La Mississippi.

El día transcurrió lleno de sorpresas, desde Abel Pintos, Ciro y Los Persas, o Cruzando el Charco tocando canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, hasta invitados cruzados como Ricardo Mollo con Ciro y Wayra Iglesias con los Jóvenes Pordioseros.

Hay un destello de emoción, tan fuerte como fugaz: después de haber perdido a tu grupo de amigos durante horas y resignarte a no volver a verlos, encontrarlos en medio del pogo, saltando al compás de 'Yo No Me Quiero Casar, ¿Y Ud?' de Turf. Abrís los ojos, sonreís como un nene, levantás los brazos y un abrazo enorme como si no se hubiesen visto desde hace dos años.

Una marea de gente (la cual sin dudas año tras año se agranda) caminaba de un escenario a otro, iba a comprar comida, o a participar de las actividades de las marcas patrocinadoras. El público del Cosquín Rock puede ser muy variado: desde un tucumano de 35 años con el logo de La 25 tatuado en el pecho que desayuna cigarrillos, hasta un grupo de amigas de Córdoba que se aplican gel en el pelo antes de salir y caminan con botas de media caña. Lo que es innegable es que argentinos de todo el país llegaron a disfrutar de la música, al igual que muchos latinoamericanos como mexicanos, ecuatorianos o peruanos.

El sábado concluyó con lágrimas de emoción al compás de las canciones escritas por el Pity Álvarez para Viejas Locas interpretadas por Fachi y Abel. Y aunque alguien llegue solo al festival, en el momento que necesite un abrazo para festejar la música, encontrará a otra persona que va a prestar sus brazos y pecho para que juntos, escuchando las canciones de su infancia, larguen las lágrimas contenidas.

El segundo día de festival amaneció con nubes negras anticipando el diluvión de las 23 horas. De la misma forma que se cerró el sábado, el domingo comenzó con la emoción en la garganta y ojos vidriados. Beats Modernos hizo lo suyo y regaló las mejores canciones de Charly García. León Gieco, quien ni siquiera estaba en la grilla original, fue invitado al escenario. No hizo falta haber nacido en la época del bigote bicolor para conmoverse con los himnos: gente desde los 7 u 8 años hasta los 60 o más escuchaba atentamente al Zorrito y su banda. 

Quienes buscaban un sonido más pesado, se encontraron con un Juanse fresco, desafiante y transgresor, interpretando canciones de Pappo y metiendo bocados de Los Ratones Paranoicos. Al haber sido temprano en el día, en el público se encontraban padres con hijos chicos y cortes de pelo "rolingas" hasta jóvenes que quizás nunca tuvieron la oportunidad de escuchar a Norberto "Pappo" Napolitano en vivo, y gracias a Juanse, pudieron acercarse, al menos, un poco. 

El cambio de escenario y horario que sufrió Kapanga (y la nula difusión al respecto) no afectó en lo absoluto su convocatoria. La cara de felicidad que tenía Martín "El Mono" Fabio, cantante de la banda, y con las ganas que tenía de cantar, transmitía a su público una energía tan mágica y divertida a la vez, que hizo de su recital una experiencia imborrable para cualquiera que haya estado ahí.

Una lluvia liviana pero molesta ya tocaba sobre quienes querían escuchar 'Pupilas Lejanas' de Los Pericos, pero como si alguien hubiese hecho algún tipo de embrujo, el cielo se abrió para darle paso a los últimos rayos del día en el exacto momento que Fito Páez cantaba 'Sale el Sol', perteneciente a su último disco, Novela (2025). Spoiler: la ilusión no duraría mucho. 

Los trapos al viento con las inscripciones de bandas gigantes y los nombres de las localidades, recibieron a Divididos. Un grupo que no importa qué tan seguido toque, siempre despierta la emoción y sorpresa en quienes se acercan a escucharlo. Cuando comenzó Airbag, en el escenario a 950 metros, muchos cruzaron el predio entero a máxima velocidad bailando al compás de la mezcla de música proveniente de los diferentes escenarios que se generaba a mitad de camino. 

Ya habían cantado los uruguayos Agarrate Catalina, Las Pastillas del Abuelo y estaba terminando Guasones cuando las nubes negras mostraban sus primeros rayos. Como el rock ya había terminado (y solamente quedaban artistas del pop o de la electrónica), muchos comenzaron la vuelta. Y fue ahí, en el momento de mayor tránsito humano, en donde para hacer 100 metros se tardan 10 minutos, que el cielo dijo "basta" y largó todo lo que tenía que largar. 

Una edición del Cosquín Rock con mucha música, sorpresas, abrazos, agua, y sobre todo, Rock and Roll.

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