Nunca llego tarde a un recital. Siempre intento llegar temprano, ver a todos los teloneros que pueda. Así conocí a muchos de mis artistas favoritos, nacionales e internacionales. En ese momento tierno y un poco incómodo en el que tienen que convencer a un público que no es el suyo, y que encima está ansioso por escuchar a otra persona, que ellos valen. Que ellos también son buenos.
Pero ese jueves 12 de febrero fallé. Me perdí a los dos teloneros que abrieron la noche de Franz Ferdinand en el C Complejo Art Media. Y me di cuenta porque apenas salí del subte me crucé a uno de ellos en la esquina del venue. Primera señal de alarma: habían terminado hace rato si ya estaban afuera. Segundo factor tranquilizante: si estaban ahí, el show de los escoceses no había comenzado.

Franz Ferdinand es una de esas bandas imposibles de ignorar. Vienen de Glasgow, un lugar que (salvando las enormes distancias) es un poco como La Plata: cuna de muchísimas bandas de rock. Una ciudad post industrial llena de universidades, en la que se cruza la clase trabajadora y la intelectualidad. En un suburbio de Glasgow se formó la banda en 2001. Desde aquellas primeras canciones, el grupo visitó Argentina siete veces. Un hecho que, en palabras de Alex Kapranos, es 100% intencional: les encanta el público argentino.
En la música de Franz Ferdinand hay algo eterno
La noche empezó intensa. La canción elegida para abrir fue “The Dark of the Matinée”, del disco homónimo de la banda. Apenas puse un pie en el C comenzaron a sonar los primeros acordes. El público que estaba en campo trasero, especialmente aquellos que habían llegado temprano y lograron atrincherarse sobre la valla, no paraba de saltar. En el campo VIP, como suele suceder, la gente no estaba tan arriba. Una separación que evidencia el intento desesperado por aumentar los precios de las entradas con cualquier excusa, como ponerte un metro más cerca del escenario frente a una columna de cemento. Algo que solo sucede en los recitales internacionales y que no tiene sentido: es el fan que llegó temprano el que merece estar ahí, bien cerca.
El show de Franz Ferdinand se mantuvo en una constante perfección. No se podría esperar menos de la banda que con su primer disco demostró que es capaz de todo lo que se le ocurra hacer. Desde distorsionar al máximo hasta hacer música bailable o ponerse oscuros. Todo lo que hacen lo hacen bien.

En esta ocasión vinieron al país a presentar The Human Fear (2025), un disco en el que hablaron sobre el miedo sin darse cuenta. En palabras de Kapranos, fue un tópico que atravesaba todas las canciones y que identificaron después de terminar el álbum. Esa noche en el C, por supuesto, no faltaron esas canciones. ‘Audacious’, ‘Black Eyelashes’ o ‘Build It Up’. Alex se rie admitiendo que justamente nos da miedo hablar sobre el miedo, pero que es necesario.
En la música de Franz Ferdinand hay algo eterno. De constante, como si desde el principio hubieran sido perfectos y continuaran siendo perfectos. ‘Take Me Out’, por poner un ejemplo, es su canción más escuchada, fue su segundo single y hoy en día sigue siendo perfecto. Franz Ferdinand, sin embargo, no se presenta como la banda perfecta que es. Se permiten divertirse. Se permiten venir siete veces a un país y seguir logrando que el público sienta que es la primera.

